8.- el Puente de San Martín

La leyenda que os presento hoy es un homenaje a uno de los héroes más grandes y aguerridos que ha creado la fértil mente de nuestro excelso bibliotecario y podcaster Bikendi Goiko-Uria.

Me refiero al joven Vizcaíno que huyendo de una celada en la Imperial Ciudad de Toledo, saltó desde sus 26 metros de altura, a las frías aguas de nuestro amado Tajo.

Es el Puente de San Martín.

Esta pues es su leyenda.

 

#TOLEDO

LA MUJER DEL ALARIFE.

Allá por la mitad del siglo XIV, el odio fratricida del Rey D. Pedro I injustamente llamado El Cruel, hacia su hermano bastardo Enrique de Trastámara, tuvo como escenario la ciudad de Toledo entre otros.

Sus habitantes y edificios sufrieron la ira de los partidarios de ambos bandos, que culminó con la destrucción del puente de San Martín, por parte de los seguidores de D. Enrique que buscaban una retirada fácil, sin el acoso de sus enemigos.

Vuelta la calma a la Ciudad, el arzobispo D. Pedro Tenorio gran protector de las artes, decidió reconstruir el derruído puente, y hacia 1390 se iniciaron las obras.

El trabajo fue encomendado a un reputado alarife (arquitecto o maestro de obras), muy conocido por su precisión y buen hacer.

Cuando estaban a punto de retirarse las cimbras que sostenían el arco central, el alarife descubrió un error de cálculo que produciría el desmoronamiento de la fábrica, en cuanto se quitara el maderamen que la sostenía.

Aterrorizado y pensando en su reputación que quedaría destrozada, vivía pensativo y sin ganas de nada…..Tal era su estado que su mujer alarmada le acosaba a preguntas para conocer la causa de su desazón.

El alarife intentaba evitar la respuesta directa y afirmaba que su preocupación se debía al trabajo, pero quitándole importancia; sin embargo la insistencia de la esposa terminó por derrotarle y llorando le confesó su equivocación contagiando sus temores a la mujer no pareciendo haber otra solución que el descrédito, la humillación y la ruina.

Pero la mujer era decidida y celosa de sus bienes, y buscó una salida a tamaño problema.

Una noche en que la tormenta se cernía sobre Toledo, salió de su casa situada en un callejón al inicio de la calle de Santo Tomé, envuelta en la oscuridad acompañada de los truenos y rayos que anunciaban la inminente tormenta.

Recorrió veloz las calles empedradas en un precipitado descenso hacia el río hasta encontrarse con el puente que iluminaban los relámpagos, sostenido por las cimbras que ocultaban el error de su marido.

Tras mirar las alturas y encomendándose al cielo exhaló un profundo suspiro, mientras mojaban su rostro las primeras gotas de lluvia.

Decidida, bajó hasta la base del puente y con la misma antorcha que había iluminado su camino, prendió fuego a las maderas de las cimbras, las cuales ardieron iluminando la tenebrosa noche toledana.

La mujer del alarife vió cómo tras unos minutos, el arco central cedió siendo pasto de las llamas.

Al amanecer se corrió por la ciudad la voz de que un rayo había destruído el puente en obras, echando a perder todo el trabajo del alarife.

Se reanudó de nuevo su construcción dando lugar a enmendar los cálculos erróneos, culminando felizmente la restauración del puente, devolviendo la confianza al atribulado alarife.

Pero su mujer aún viendo la alegría que había devuelto a su marido, no se sentía contenta ya que sentía que había cometido un hecho delictivo, y para tranquilizar su conciencia, decidió contar la verdad al arzobispo Tenorio, quién tras oir la confesión de la mujer, se sintió atraído por la fidelidad y el amor que ésta demostraba hacia su marido.

No solo no la castigó por su acción sino que en homenaje a su valor mandó poner en la clave central del arco, una figura en relieve que representara a la mujer del alarife, la misma figura que hoy se puede ver en la parte del puente que da a poniente.

 

 

 

 

Una de las partes de la Leyenda que os presento hoy está amablemente cedida por nuestro mochuelo @Astigar quien conocedor del amor que siento por su tierra, me la envió y yo como homenaje a sus tradiciones, la comparto con vosotr@s.

#EUSKADI

AMALUR Y LOS GALTZAGORRIS.

Amalur, nombre de origen vasco que en euskera significa «Madre Tierra» o «Tierra Madre», es una diosa de la mitología vasca. Está relacionada con Mari, por lo que a veces es confundida con esta diosa, que es la personificación de toda la naturaleza y a su vez es la divinidad superior que domina a todos los personajes mitológicos, teniendo una relación especial con la Tierra y, según antiguas creencias, siendo la personificación de Amalur.

En las leyendas del pueblo vasco, la Tierra, Ama-Lurra, es la divinidad principal. La Tierra se nos muestra como habitáculo de todos los seres vivos, poseedora de fuerza vital propia que ha creado nuestro entorno natural. Es la que hace posible la existencia de animales y plantas, y la que nos da a los seres humanos el alimento y el lugar necesario para vivir. La Tierra es un enorme recipiente, un receptáculo ilimitado, donde viven las almas de los difuntos y la mayoría de los personajes mitológicos. La fe en Ama-Lurra es muy antigua en el pueblo vasco, anterior a la invasión de los pueblos indoeuropeos. Ya que estas culturas que llegaron del este a Europa, fueron las que introdujeron la creencia en las divinidades celestes.

Según cuentan las leyendas, en el interior de la Tierra existen increíbles tesoros, que aunque los humanos persistan en hallarlos y adueñarse de ellos, siempre se hacen inalcanzables, siendo una costumbre muy arraigada dejar ofrendas a Ama-Lurra en las cuevas y simas, ya que estas son las puertas al interior de la Tierra.

Amalur es la creadora de la hermana luna (Ilazki, Ilargi), la hermana sol (Ekhi, Eguzki) y la Eguzkilore («flor sol», carlina acaulis), flor parecida al cardo muy abundante en el País Vasco y que se coloca en las puertas de las casas para ahuyentar a los genios, las brujas (sorginak), las lamias y los espíritus malignos, ya que se creía que si alguno pretendía entrar en la casa y encontraba una Eguzkilore, tenía que pararse para contar los numerosísimos pelos o brácteas de la inflorescencia y el día le sorprendía sin haber terminado su tarea.

 

 

 

LOS GALTZAGORRIS

Son pequeños seres que siempre acompañan a Amalur, y le ayudan en sus tareas. Los Galtzagorris fueron quienes descubrieron al bebé a quienes sus padres dejaron abandonado y luego sería Olentzero.

Dicen que cuando Amalur hizo su aparición en este mundo, lo primero que creó fue a un pueblito de seres diminutos que reían constantemente y jugaban todo el día. Recordemos que la Dama es mujer, es por eso que decidió crear a los más txikis, para protegerlos, que es una condición de madre.

Cuentan los ancianos vascos, que si subes a un monte en Euskal Herria, y te detienes a descansar, agotado por el esfuerzo, puedes sentir una suave brisa vivificante, una alegría renovada, es la presencia de los Galtzagorris que no puedes ver, pero te contagian su felicidad.

Es por eso que cuando llegas a la cima de cualquier monte vasco, no puedes menos que sentirte feliz de ver desde lo alto de la maravillosa tierra vasca, y adquieres una energía que te sale por los poros.

Cuenta la leyenda que en una oportunidad, un joven subió al Anboto para agradecerle a Amalur, el amor de su novia. También llevaba como presente para la Señora, un ramo de albahaca, que es su preferida. Era tanta la alegría que tenía este muchacho, que al ver florecidas algunas plantas del lugar, se quedó recogiendo algunas para llevarle a su amada.

Así llegó la noche, y asustado, inició el camino de retorno. Ieltxu, el duende malo, viendo el temor del joven, le fue poniendo obstáculos, y en el paso ocasionó un derrumbe, para que no pudiera regresar. El muchacho invocó a Amalur, prometiendo que si le salvaba, cada año le llevaría un ramillete de albahacas.

La dama del Anboto, que es una madre amorosa, y cuida bien a sus vascos, le envió a los Galtzagorris para que le indicaran el camino de vuelta y le alejaran del peligro.

Sintiendo la alegría de los pequeños, Ieltxu retrocedió ofuscado y a punto estuvo de caer en el mismo derrumbe que había ocasionado (hoy se le conoce como el Paso del Diablo).

Desde entonces cada año, son incontables los vascos que ascienden al Anboto. Muchos de ellos llevan en sus manos un ramillete de albahacas para Amalur, y dejan golosinas en el camino…. Para los Galtzagorris.

Enviada por nuestra mochuela @Nekabitt

Cuenta la leyenda, que un arcabucero de los tercios se sentía muy mal, pues ya había participado en varias batallas y ahora debía de partir a Flandes a luchar de nuevo.

De moral muy católica, fue a confesarse con un sacerdote por las muertes que había causado y las que aún tendría que causar.

Al no encontrar sacerdote, se postró ante el cristo de viñeros; allí se echó a llorar pidiendo perdón a Cristo por lo que su oficio le obligaba a hacer y asumió que moriría condenado.

Sorpresa se llevó el arcabucero, cuando al levantar la vista hacia la imagen, esta movió el brazo echándole una bendición y perdonando sus pecados.

Desde entonces la cofradía de viñeros, va acompañada por los arcabuceros de los tercios de Flandes.

Fin

#TOLEDO

EL POZO AMARGO.

Por gentileza de nuestro mochuelo @polgara.

Tiempo ha que en la noble mansión de Doña Leonor el silencio es absoluto. Terminado el rosario que pasa la propia dueña después del yantar de la noche, los criados una vez apagadas las luces y escudriñados los rincones, retiransé a sus aposentos a descansar.

Todo es silencio en la noche estrellada y lunar. De improviso una figura surge del portal, y que con mucho cuidado de que los goznes no chirríen, cierra las claveteadas puertas, y calándose el chambergo, con la mano en la empuñadura de su espada y embozado en su capa carmesí, se aleja procurando que el ruido de las espuelas no le delate.

Es el joven Fernando, que presuroso, se dirige por la calle Nuncio Viejo sorteando encrucijadas peligrosas, a ver a Raquel la bella hebrea señora de sus pensamientos.

Sonoras e imponentes caen sobre Toledo las diez campanadas de la noche.

Fernando encamina sus pasos calle abajo hasta detenerse junto a las tapias de un frondoso jardín, que circunda el palacio del potentado israelita Leví.

La noche con su silencio perfumado de mirtos y claveles, envuelve acogedora, las fragancias líricas de la juventud. Con cuchillos de plata, la luna hiere en un ventanal sus góticos ajimeces, mientras riela temblorosa, al murmullo del surtidor en el estanque del jardín.

Como a una cita prevista, en la ventana aparece Raquel, la única hija del potentado judío. Fernando al verla, hace una cortés reverencia, y con agilidad increíble, asiéndose a las yedras y a los salientes, escala la tapia y va a reunirse con su amada en el fondo del jardín.

La luna con su cara enyesada sonríe burlonamente al ocultarse entre los girones de luz, no sin antes arrancar destellos a una daga que describe una curva mortal que va por la espalda, al corazón de Fernando.

Un gemido ahogado y se desploma en la arena del jardín, mientras una sombra homicida se pierde entre las frondas.

Acude Raquel….y un grito siniestro se escapa de su pecho al ver sangrando al caballero.

La luna se ha ocultado ahora entre las nubes cárdenas y estalla el trueno, al tiempo que resuena una carcajada del viejo vengativo.

Todas las noches Raquel acude como a cita imaginaria al brocal del pozo del jardín. Su blanca silueta destaca sobre el fondo verdinegro de los vergeles, mientras sus pálidas manos enlazadas descansan sobre el regazo. Vierte sus lágrimas doloridas en el fondo del pozo, cuyas aguas un día se hacen amargas. Y cierta noche, en el sortilegio del plenilunio, la infeliz Raquel, en su extravío, creyendo ver en las aguas de la cisterna la imagen del amado, es atraída por ella a lo hondo.

Viajero: Esta es la leyenda que dió nombre a la calle del Pozo Amargo, en cuya plaza solitaria verás una losa que cubre aquella poterna de aguas no salobres, sino amargas de las lágrimas que en ella derramó la bella israelita.