11.- LA TORRE DE HÉRCULES.

#GALICIA

LA TORRE DE HÉRCULES.

Cuenta la leyenda que Hércules perseguía a Gerión porque este había deshonrado a una hermana suya, y le fue siguiendo desde la costa de Gadir hasta cerca del sitio donde se alzó La Coruña, yendo ambos en frágiles barquichuelas de mimbre forradas con pieles de buey.

Aunque eran hombres muy fuertes, el viaje fue sumamente peligroso, pero Gerión que llevaba bastante ventaja tomó tierra en las rocas más altas, y con su embarcación se hizo una vivienda para esconderse y aguardar a que Hércules perdiese su pista.

 

 

Se echó a dormir a pierna suelta porque desde su puesto en las altas rocas, no divisaba la barca de Hércules.

Pero durante la noche llegó este y no durmió pensando en su idea de la venganza. Estuvo toda la noche buscándole y al amanecer con los rayos del sol, descubrió la vivienda de Gerión. El héroe tenía un voraz apetito, e imaginando que era el habitáculo de algún pescador, se dirigió hacia allí para averiguarlo.

 

 

En lugar de al pescador se encontró a su enemigo que no solo dormía apaciblemente sino que soñaba, que ya estaba libre de su perseguidor. Aunque Hércules pudo aplastarle la cabeza con su maza mientras dormía, era valiente y noble, y le despertó para que se defendiera.

Tres días duró el combate y si bién Hércules era muy fuerte, Gerión era más ágil y diestro.

No obstante Hércules obtuvo la victoria y después de agotar a su enemigo, lo mató sin piedad.

En recuerdo de su victoria, Hércules después de haber enterrado entre las rocas el cráneo y las armas de Gerión y arrojar su cuerpo al mar, sobre aquellos despojos construyó la torre de su nombre, y mandó edificar una gran ciudad y hacer escribir los nombres de todas las personas que la habitaron.

Una de las pobladoras se llamaba Coruña y de ahí viene el nombre de la ciudad.

 

La torre sirvió de faro desde aquella remota época y como se sabe, es muy diferente de los demás ya que en la cima de la torre, había una placa de estaño pulimentada y de forma circular, que giraba haciendo reflejar los rayos del sol.

Por las noches se encendía una hoguera y al reflejarse en la placa de estaño, asemejaba los rayos solares y servía a los navegantes para avisarles del peligro de los grandes escollos.

Decia la leyenda popular que los marineros guiados por esa luz, estrellaban sus barcos en las rocas y sus cuerpos eran devorados por sirenas y brujas, moradoras de aquel lugar.

Desde entonces la torre de Hércules y sus cercanías se creen habitadas por espíritus malignos.

 

#CHINA

EL DRAGÓN Y EL AVE FÉNIX

Cuentan las leyendas chinas que cuando todavía las aguas no estaban controladas y los ríos en su desborde arrasaban los campos, la diosa madre procreó benéficos descendientes que terminaron ordenando ese caos de diluvios.

Trabajando en el control de los ríos, de los lagos, del mar y de las nubes, los brillantes dragones navegaron por las aguas y el cielo. Con zarpas de tigre y garras de águila, rasgaban con estruendo las cortinas de lo alto que chispeando ante el descomunal embate dejaban en libertad a las lluvias.

 

Ellos dieron cauce a los ríos, contención a los lagos y profundidad a los mares. Hicieron cavernas de las que brotaba el agua y por conductos subterráneos las llevaron muy lejos para que surgieran de pronto, sin que el asalto abrasador del sol las detuviera.

Trazaron las líneas que se ven en las montañas para que la energía de la tierra fluyera, equilibrando la salud de ese cuerpo gigantesco. Y muy frecuentemente tuvieron que luchar con las obstrucciones que provocaban los dioses y los hombres ocupados en sus irresponsables afanes.

De sus fauces brotaba como un humo la niebla, vivificante y húmeda, creadora de mundos irreales. Con sus escamosos cuerpos serpentinos cortaban las tempestades y dividían los tifones. Con sus poderosos cuernos; con sus afilados dientes, ningún obstáculo era suficiente, ningún enredo podía permanecer.

Y gustaban de aparecerse a los mortales. A veces en los sueños, a veces en las grutas, a veces en el borde de los lagos, porque en estos solían tener sus escondidas moradas de cristal en las que bellos jardines se ornaban con frutos destellantes y con las piedras más preciosas.

El Long inmortal, el dragón celeste, siempre puso su actividad (su Yang) al servicio del Tao y el Tao lo reconoció permitiéndole estar en todas las cosas, desde lo más grande a lo más pequeño, desde el gran universo hasta la partícula más insignificante.

Todo ha vivido gracias al Long. Nada ha permanecido inmutable salvo el Tao innombrable, porque aún el Tao nombrable muda y se transforma gracias a la actividad del Long. Y ni aún los que creen en el Cielo y el Infierno pueden asegurar su permanencia.

 

Pero el Long ama al Feng, al ave Fénix que concentra el germen de las cosas, que contrae aquello que el Long estira. Y cuando el Long y el Feng se equilibran el Tao resplandece como una perla bañada en la luz más pura.

No lucha el Long con el Feng porque se aman, se buscan haciendo resplandecer la perla. Por ello, el sabio arregla su vida conforme al equilibrio entre el Dragón y el Fénix que son las imágenes de los sagrados principios del Yang y el Ying

Al fin de esta edad, cuando el universo haya llegado a su gran estiramiento, volverá a contraerse como piedra que cae. Todo, hasta el tiempo, se invertirá volviendo al principio. El Dragón y el Fénix se reencontrarán. El Yang y el Ying se compenetrarán, y será tan grande su atracción que absorberán todo en el germen vacío del Tao.

El cielo es alto, la tierra es baja; con esto están determinados lo creativo y lo receptivo… con esto se revelan los cambios y las transformaciones.

 

El sabio se emplaza en el lugar vacío buscando el equilibrio. El sabio comprende que la no-acción genera la acción y que la acción genera la no-acción.

Que el corazón de los vivientes y las aguas del mar, que el día y la noche, que el invierno y el verano, se suceden en el ritmo que para ellos marca el Tao.

 

Pero nadie puede saber realmente cómo han sido ni cómo serán las cosas, y si alguien lo supiera no podría explicarlo.

El que sabe que no sabe es el más grande; el que pretende que sabe pero no sabe, tiene la mente enferma. El que reconoce la mente enferma como que está enferma, no tiene la mente enferma.

El sabio no tiene la mente enferma porque reconoce a la mente enferma como la mente enferma.