6.- (E.O.) Monasterio San Jerónimo de Guisando.

 

El edificio de hoy se encuentra situado en un paraje donde tuvo lugar un acontecimiento que cambió la Corona de Castilla.

Asistamos a su historia.

#MonasterioSanJerónimodeGuisando.

A 10 Km del Tiemblo localidad abulense y a poca distancia de los famosos verracos de origen prerromano, conocidos como los Toros de Guisando y en la parte más oriental de la Sierra de Gredos, se encuentra el cerro Guisando.

En sus faldas abundan las yedras, tejos, higueras, castaños, cipreses, chopos, olmos, arces, alisos, pinos, robles y encinas y entre las rocas y peñascos, arroyuelos que horadaron las tierras formando cuevas que posiblemente habitaron los hombres primitivos.

Corre el año de 1353 cuando llegan al cerro de Guisando cuatro ermitaños italianos que ocuparon algunas de las cuevas. En ellas vivieron varios años, haciendo vida de oración y alimentándose de frutos silvestres. Las primeras noticias de ellos llegaron a través de pastores y caminantes. La gente de los alrededores los tenía por holgazanes, sin duda por no entender el tipo de vida que llevaban, lo que hizo que decidieran abandonar el lugar.

Cuenta la leyenda que les costó emprender la partida y que las primeras horas, hasta perder de vista el cerro, caminaban con lentitud y en silencio. Cuando ya se encontraban bastante alejados, el agotamiento se apoderó de ellos y quedaron profundamente dormidos.

Al despertarse se contaron sus sueños: la virgen María les recriminaba su poca fe y les ordenaba a volver a las cuevas prometiéndoles que no tardarían en ver construido un monasterio digno. Sin dudarlo se dieron la vuelta y regresaron.

A partir de entonces sus vidas cambiaron. Los vecinos de los lugares próximos les ayudaban con las limosnas y les proporcionaban trabajo y ellos correspondían cuidando de sus enfermos. Su fama se extendió de tal manera que llegó a oídos de personas tan influyentes como la Reina Juana, Manuel de la Cerda, Jimena Blázquez…que les donaron partes de sus heredades del amplio territorio de Guisando.

En 1375 sus deseos se convirtieron en realidad: ven realizada la construcción de un monasterio pequeño que cubría

sus necesidades. Crecen en número y son conocidos en las tierras del reino como los » Beatos de Guisando».

En el año de 1546 sufre un incendio que destruyó el primer monasterio rural, lo que dió lugar a que en tiempos de Felipe II se ampliara y reformara creándose un segundo claustro de estilo renacentista con elementos góticos y una iglesia construída por Pedro de Tolosa.

Los Jerónimos gozaron de los favores reales ya que reyes como Juan I y Felipe II, santos como Teresa de Jesús y nobles como D. Fernando Alvarez de Toledo Duque de Alba se alojaron en el monasterio, sobre todo Felipe II que permaneció en el hasta la finalización de las obras de El Escorial.

Desde entonces y hasta el siglo XVIII, el monasterio pasó por su máximo esplendor. Más adelante durante la ocupación francesa a principios del XIX sufrió un segundo incendio y los monjes tuvieron que abandonarlo tras la desamortización del XIX.

Al pasar a manos privadas a finales del XIX y principios del XX fue utilizado como Casa Palacio y finca de recreo efectuándose en esta época reformas, pero nuevamente sufre un tercer y último incendio y hasta el día de hoy se conservan los jardines que se han integrado en el conjunto histórico artístico de la zona.

Quedan algunos edificios que se pueden visitar; la iglesia, el claustro, los jardines románticos y la ermita de San Miguel de estilo neoclásico.

El templo, dedicado a San Jerónimo tiene forma de cruz latina con cabeza semioctogonal y cuenta con tres pequeñas capillas en la nave y coro. Su aparejo es de granito con pilastras toscanas. La cúpula de la que solo queda el arranque de las pechinas y las bóvedas ruinosas son de ladrillo tabicado.

La construcción situada a mayor altura es la ermita de San Miguel, debida al segundo marques de Villena, Diego López Pacheco a la que se accede por una hermosa escalinata cuyos peldaños están labrados en la roca.

El Monasterio con sus jardines y cuevas fue declarado paraje pintoresco el 5 de febrero de 1954.

Actualmente es propiedad privada y se organizan visitas guiadas al recinto, previo contacto con la propiedad.

#TratadodeLosTorosdeGuisando

Tratado, Jura o Concordia de los Toros de Guisando son denominaciones historiográficas para una reunión que tuvo lugar el 18 o 19 de septiembre de 1468 en el cerro de Guisando (junto a los Toros de Guisando, un conjunto de toros o verracos de piedra de origen prerromano, en la actual localidad abulense de El Tiemblo), y al acuerdo que en ella se alcanzó entre el rey de Castilla Enrique IV y su hermanastra Isabel. Por tal jura, esta era proclamada princesa de Asturias y reconocida como heredera de la Corona de Castilla.

Algunos historiadores discuten su veracidad,

atribuyendo su presencia en los textos posteriores al propósito de legitimar la sucesión, dado que no se ha conservado ningún documento original.

Los primeros enfrentamientos que conducirían a la Guerra de Sucesión Castellana habían comenzado en 1464, cuando un grupo de nobles se había rebelado con la intención de hacer abdicar al rey y deponer a su valido, Beltrán de la Cueva.

Los nobles rebeldes llegaron a realizar una ceremonia (la Farsa de Ávila de 1465) en la que depusieron simbólicamente a Enrique IV y entronizaron en su lugar a su hermanastro Alfonso. La muerte del infante en julio de 1468 convirtió a la hermanastra de Enrique, Isabel, en la candidata de los nobles rebeldes. Sin embargo, la infanta prefirió pactar con su hermanastro, utilizando como mediador a Antonio de Véneris.

Tras unas vistas realizadas en Castronuevo, se llegó a un acuerdo preliminar, por el que finalizaría la guerra. Ese fue el acuerdo que se formalizó ante los Toros de Guisando. Mediante tal tratado o concordia, todo el reino volvía a la obediencia del rey y a cambio Isabel pasaba a ser princesa de Asturias y recibía un amplio patrimonio. El matrimonio de la princesa debía realizarse sólo con el consentimiento previo del rey. Juana, la hija de Enrique IV, quedaba desplazada de la posible sucesión, al declarse nulo el matrimonio del rey y la reina.

Sin embargo, la boda de Isabel con Fernando, el heredero del trono aragonés, celebrada en 1469 en Valladolid y que no contaba con la aprobación del rey, motivó el repudio de la Concordia por Enrique IV. El rey reconoció nuevamente los derechos de su hija Juana en la Ceremonia de la Val de Lozoya (25 de noviembre de 1470).

Es sabido que Enrique IV, muerto su hermano el Príncipe D. Alonso, mandó jurar Princesa y heredera de sus reinos a la Infanta Doña Isabel el 19 de Setiembre de 1468 en la venta de los Toros de Guisando.

Concurrieron a esta ceremonia, que tanto pesó en la balanza de la fortuna de España, muchos prelados y caballeros que con el Rey estaban.

Un pueblo innumerable fue testigo de aquella solemnidad, a la cual faltó para ser completa la presencia de los procuradores de las ciudades y villas del reino.

Subsanaron la falta las Cortes de Ocaña de 1469, pues según la carta que la Princesa Doña Isabel escribió a Enrique IV, cuando ya meditaba el Rey el rompimiento con su hermana, después en la villa de Ocaña por mandado de vuestra señoría, otros muchos prelados e procuradores de las cibdades e villas… lo juraron, segund que vuestra señoría bien sabe, e a todos es notorio.

Confirmada la jura de la Princesa en las Cortes inmediatas, se desvanecen todos los escrúpulos acerca del derecho de sucesión en la Corona que asistía a doña Isabel; derecho declarado por el único tribunal competente, que no pudo invalidar la jura posterior de doña Juana, hija presunta del Rey, en el Ayuntamiento de grandes, prelados y caballeros de Val-de-Lozoya, porque no se reunieron allí los tres estados del reino, como era necesario, para anular la concordia de los Toros de Guisando.