El Hermitage

 

El Hermitage

A orillas del río Neva se encuentra este espectacular edificio que alberga la mayor colección de arte de Rusia. Durante años, los antiguos zares fueron recopilando los trabajos de artistas hasta que en 1917 se declaró el enclave como museo estatal, abierto por y para el pueblo. La historia del museo es tan convulsa como la de la propia Rusia. Cuando Catalina La Grande llega al poder tras un golpe de Estado en 1762, decidió establecer su residencia oficial en el Palacio de Invierno de la ciudad de San Petersburgo. Sería en 1764 cuando compraría el primer lote de pinturas que decorarían su palacio, una serie de óleos flamencos y holandeses que adquirió en Berlín. Nada menos que 225.

 

 

El museo ha crecido y se ha expandido por el mundo. El complejo Guggenheim Hermitage de Las Vegas, el edificio de Ámsterdam, las salas del Hermitage en Sommerset House, en Londres, o una posible ampliación en la ciudad de Barcelona, en donde muchos turistas rusos han asentado sus casas de veraneo, son algunos ejemplos. En 2014 está prevista la apertura de la ampliación que albergará colecciones de arte moderno y contemporáneo. Una excelente manera de festejar los 250 años de historia del complejo.

 

Entre los museos de bellas artes hay pocos cuyas colecciones puedan competir en valor, riqueza y diversidad con las del Hermitage. Es uno de los museos más famosos del mundo, que contiene unos tres millones de obras del arte, entre las cuales hay cuadros, esculturas, dibujos, grabados, monedas y medallas y muchas obras del arte aplicado. El Hermitage es un conjunto museístico que ocupa cuatro enormes palacios, acaba de recibir a su disposición el quinto edificio majestuoso, la que fue sede del Ministerio militar de los zares, el edificio del Estado Mayor, y sin embargo sólo 25% de sus colecciones han encontrado espacio para estar expuestos al público, guardando los demás 75% en sus fondos y consignas especiales.

 

 

Se dice que si una persona dedicara sólo un minuto a contemplar cada pieza expuesta del museo y pasara en el Hermitage, siguiendo el horario del museo, siete horas diarias seis días a la semana sin ninguna parada ni para comer, necesitaría más de cinco años para verlas todas.

 

El Hermitage es un museo único porque, además de las colecciones del arte expuestas en las salas de tres palacios que ocupa la pinacoteca como tal (el Hermitage Pequeño, el Hermitage Viejo y el Nuevo Hermitage), los visitantes gozan de magníficos interiores palaciegos, entre los cuales destacan las salas de gala del Palacio de Invierno, la residencia principal de los emperadores rusos en los años 1762-1917.

 

 

El Palacio de Invierno es una obra maestra del estilo barroco, creada por el arquitecto italiano Francisco Bartolomé Rastreli. En la decoración de las fachadas e interiores Rastreli dio rienda suelta a su fantasía. Él mismo dijo de su creación que el Palacio de Invierno fue construido “… para la gloria de Rusia sólo” y se hizo el símbolo del poder y importancia de Rusia que se transformó en uno de los países más significados del mundo en el siglo XVIII.

 

 

El Palacio que pasó a formar parte del museo en el año 1922, fue durante dos siglos la residencia principal de los zares. Había sido construido para la emperatriz Isabel, hija de Pedro el Grande. A pesar de convertirse en las salas de exposiciones, estas no han perdido nada de su esplendor. Una de las más bellas es la sala de Malaquita; sus columnas, pilastras, chimeneas, lámparas de pie y mesitas están decoradas con malaquita de los montes Urales. El verde vivo de la malaquita, combinado con el brillo del dorado y el mobiliario tapizado con seda de color frambuesa, determinan la impresión fantástica de esta sala.

 

 

El palacio llamado el Hermitage Viejo fue construido junto al Pequeño en la década de 1770 para instalar la creciente colección artística de Catalina II y sus interiores no los desmerecen en nada a los de otros palacios. Ahora en este palacio se encuentran obras de los maestros de renacimiento italiano: Giorgione, Simone Martín, obras de Fra Angélico y Boticelli… Pero las cimas de la colección italiana son dos cuadros de Leonardo da Vinci: la Madona Benois correspondiente a su periodo creativo temprano y la obra del museo número uno, y la Madona Litta, que es por el contrario un trabajo de madurez, representando en la imagen de la Virgen, el ideal de la belleza física y espiritual. Entre las obras de la célebre colección de Tiziano destaca San Sebastián.

 

 

El Hermitage Pequeño fue construido para la vida privada de Catalina II. La emperatriz quería descansar de la vida oficial en un lugar aislado, acogedor y lleno de obras artísticas. Por ese motivo el palacio fue denominado “Hermitage”, palabra francesa que significa “ermita”, llenado de las colecciones de pintura y escultura, donde la “ermitaña” soberana solía pasar sus horas de ocio, admitidos solamente los amigos más íntimos a hacerle compañía.

 

 

 

En cuanto a los interiores del Hermitage Pequeño vale la pena mencionar la Sala de Pabellones. Es un maravilloso salón adornado con galerías, rejas doradas, mosaicos esmaltados, tal llamadas “fuentes de las lágrimas”, centelleantes lámparas de araña de cristal de roca. En la sala se expone también el Reloj Pavo Real, una de las perlas de la colección del museo, obra inglesa del siglo XVIII. Cuando el reloj da las horas, el pavo real instalado en un roble, abre su opulenta cola y da la vuelta mostrándola. Las ventanas de esta sala miran al jardín colgante, ubicado sobre las bóvedas de la planta baja.

 

 

El edificio del Hermitage Nuevo es el único palacio del conjunto que no fue construido con Catalina II en el trono, sino con su nieto, Nicolas I, y resultó ser el primer museo que, aunque fuera con muchas limitaciones, abrió sus puertas al público, hace 150 años. Aquí están expuestas las obras de Rafael Santi – el orgullo de todo el museo, y se guarda allí “la Biblia de Rafael” –así fue nombrada la copia de la galería del palacio papal en el Vaticano, construida por el arquitecto Bramante y pintada por Rafael y sus discípulos. Aquí mismo se puede ver la única obra de Miguel Ángel, El niño en Cuclillas, que estaba destinada al panteón de los Medici.

 

 

En las salas solemnes y majestuosas, decoradas con vasos, mesas y lámparas decorativas de malaquita, ágata y lapislázuli, se hallan las exposiciones de pintura italiana y toda la colección de pintura española, considerada como una de las mejores fuera de las fronteras de España y adquirida por los zares rusos en Francia (colección de Jose na, esposa de Napoleón) y España (colección de Manuel Godoy) después de las guerras napoleónicas. En ella se puede ver obras de El Greco, Velázquez, Ribera, Zurbarán, Murillo y Goya.

 

 

Además de las pinturas españolas, los visitantes verán cuadros de maestros de los Países Bajos, donde se destaca una colección riquísima de Rembrandt. Los lienzos de Rembrandt ocupan una gran sala y dan una clara idea de toda su obra creativa: el retrato juvenil de su esposa Saskia, representada como la diosa Flora, el trágico Descendimiento de la cruz, el penetrante retrato del Anciano en rojo… y al final la joya de la colección, el Regreso del hijo pródigo, escena evangélica en que el maestro pudo expresar su fe en el bien y en el amor humano.

 

 

Cinco salas del Hermitage Nuevo atesoran obras de Rubens, desde las más tempranas hasta las últimas, célebres retratos de Van Dyck, escenas de caza de Paul de Vos y abundantes naturalezas muertas de Frans Snyders.

 

 

El Palacio de Invierno fue la residencia oficial de los emperadores rusos durante los siglos XVIII-XX. Situado en el corazón de San Petersburgo, este antiguo palacio imperial forma parte actualmente del complejo del museo estatal del Hermitage

El actual edificio fue construido entre 1754 y 1762 por el arquitecto italiano Francesco Bartolomeo Rastrelli en estilo barroco isabelino. Así se llama al estilo arquitectónico barroco ruso bajo el reinado de la emperatriz Isabel Petrovna (1741-1761) que incluye elementos del rococó francés en sus interiores.

El artista ruso Eduard Gau mostró en sus acuarelas todo el esplendor, el brillo y la opulencia de los interiores del palacio imperial

Desde los años 50 del s.XIX, por orden del emperador Nicolás I, Gau comenzó a pintar acuarelas de los interiores del Palacio de Invierno

Eduard Petrovich Gau (1807 —1887) era un maestro de las «acuarelas arquitectónicas». Prestaba siempre una especial atención a la perspectiva de los objetos. Sus «retratos de interior» artísticos, son casi fotografías: pintaba con extraordinario detalle.

 

El primero que utilizó los gatos al servicio de la corona rusa fue el zar Pedro I cuando trajo uno de Holanda. Más tarde, y debido al terror que su hija la emperatriz Isabel tenía a los ratones, se empleó una camada traída de Kazan en el Palacio de Invierno. Sería Catalina la Grande la que los llevaría al museo para proteger las obras de arte de los roedores adquiriendo el estatus de guardias oficiales. Los gatos del museo fueron testigos y sobrevivieron al derrocamiento de los zares, a la Primera Guerra Mundial, la Revolución de Octubre de 1917 y la posterior Guerra Civil, pero no pudieron hacerlo a la terrible hambruna desatada en la Segunda Guerra Mundial durante el sitio de Leningrado -ahora San Petersburgo-. El sitio duró casi 900 días, desde 1941 hasta 1944, y la escasez de alimentos provocó actos de antropofagia… y los gatos no corrieron mejor suerte. Cuando terminó el bloqueo, la ciudad comenzó a recuperar la normalidad y en esa normalidad también se incluía que los gatos volviesen a recuperar su puesto de trabajo. El problema es que se dejaron sin ningún control y a finales de los sesenta se habían convertido en un problema: había demasiados y campaban a sus anchas por todas las dependencias del museo. Así que, hubo que tomar medidas: se limitó su número a 70 (cuando exceden este número se dan en adopción) y se prohibió su entrada a las salas de exposición.

A fecha de hoy, el cuerpo de guardianes oficiales del museo se compone principalmente de gatos callejeros jerarquizados bajo un sistema de castas (aristócratas, casta media y casta baja) dependiendo de su zona de actuación y tienen documentos oficiales con su fotografía acreditando su condición de guardia oficial del museo. Las zonas alrededor del museo están salpicadas de señales de tráfico donde se advierte de la presencia de los felinos y la obligación de circular despacio. Aunque el museo no tiene presupuesto destinado a los gatos, no les falta comida ni cuidados veterinarios gracias a las donaciones de empleados y visitantes, incluso se celebra el día del Gato del Hermitage el 28 de marzo.

 

han sido hasta pintados