11.- TIRO CON ARCO

 

TIRO CON ARCO

 

 

La historia del tiro con arco se remonta al paleolítico, pinturas rupestres representan escenas de caza, lo que demuestra que el arco tuvo un marcado uso en esta época.

Un buen ejemplo de ello lo podemos encontrar en la Cueva de los caballos de Valltorta, en la Comunidad Valenciana dónde los hombres aparecen desnudos, con adornos en la cabeza, brazos, cintura, piernas..y sujetando el arco y las flechas.

El arco y las flechas han sido desde siempre herramientas fundamentales para la supervivencia de la humanidad; gracias a ellos el hombre se convirtió en cazador y aunque el arco probablemente se inventó para usarse en la caza , luego fue adoptado como instrumento de guerra. Los arcos finalmente terminaron sustituyendo al átlatl como sistema predominante de lanzamiento de proyectiles.

 

 

Entre los primeros pueblos de los que se tiene constancia hayan usado el arco y las flechas, están los egipcios, que aportaron el arma hace al menos 5.000 años y durante la época de los primeros faraones practicaron el tiro con arco para cazar y para luchar contra los persas que iban equipados con lanzas y hondas. Poco después, sin embargo, su uso se generalizó en todo el mundo antiguo, y en el Antiguo Testamento hay varias referencias a la destreza que tenían los hebreos en el tiro con arco.

 

 

En la Civilización clásica, en especial en los persas, macedonios, nubios, griegos, partos…, utilizaban un gran número de arqueros en sus ejércitos.

En el museo del Louvre se conservan fragmentos de los frisos que adornaban la residencia real de Darío I (522-486 a.d.C). Entre ellos destaca el friso que representa a los arqueros. Los arqueros reales eran el cuerpo más poderoso del ejército persa. Equipados con lanzas, arcos y flechas eran los mejor entrenados del ejército aqueménida.

En el friso de Susa están representados en filas de aproximadamente metro y medio de altura portando sobre el hombro el arco y el carcaj, presentando como gesto de saludo las lanzas.

Las flechas eran especialmente destructivas contra formaciones cerradas, y el uso de ellas era muchas veces decisivo.

Arqueros Sagitarii

En el ejército romano, el uso del arco y la flecha fue más una obligación que una tradición. De hecho, el empleo de este tipo de armas obedeció a la necesidad de disponer de medios para enfrentarse a determinados tipos de tropas ya que, de por sí, el legionario solo se encontraba a gusto combatiendo como infante. A esto debemos añadir que en Roma, fiel seguidora cultural y militar del mundo helenísitico, el empleo de armas que mataban a distancia no estaba bien visto por considerarse impropio del valor viril no acabar con los enemigos cara a cara, salpicándose con su sangre asquerosa. El ejemplo más característico de este punto de vista lo tenemos en como el priamida Paris acaba con el peleida Aquiles: le endilga un flechazo porque es un cobarde afeminado incapaz de enfrentarse al héroe por antonomasia en igualdad de condiciones. Ese era el modo de ver estas armas hasta que a los cada vez más boyantes romanos no les quedó otra que aceptarlas porque no les quedaba otro remedio.

Arquero Sasánida

Sin embargo, una vez admitido que el arco era un arma eficaz, sobre todo a la hora de verse las caras con los pueblos orientales, muy diestros en su manejo, pues se preocuparon de disponer de unidades de arqueros si bien, como era habitual en ellos, preferían que fueran auxiliares nativos de pueblos que, al igual que sus enemigos, tuvieran tradición arquera. Esa inteligente estrategia fue la misma por la que recurrieron a reclutar tropas de caballería entre los pueblos en los que el binomio hombre-caballo era una tradición secular, como ocurría con los celtíberos o los germanos, o a tener en sus ejércitos honderos baleares porque esos belicosos isleños aprendían a tirar con una honda antes de mudar los dientes de leche. Y, por las mismas razones, reclutaron arqueros entre los pueblos de su imperio que hacían del arco poco menos que una religión, como ocurría con los nubios, escitas o sirios, que ya tiraban con arco en tiempos de Noé, o los dacios y los panonios, que eran magníficos arqueros a caballo.

Inglaterra & El Arco Largo

Si hay un pueblo en Occidente que ha hecho de la arquería virtud y gloria nacional ése es el inglés. A la destreza de sus arqueros debe muchas de sus victorias en tiempos en que el arco era una respuesta eficaz y barata a la superioridad enemiga en hombres, caballos y armas. Aún más, permitía no sólo obtener éxitos impensables que desafiaban la lógica, sino que, y eso era lo realmente subversivo, propiciaba que un mero plebeyo acabara con la vida de uno o varios caballeros, tan costosamente formados durante décadas, incluso antes de que estos pudieran ni siquiera poner a distancia de sus lanzas a tan mortíferos e insidiosos tiradores…

Y es que el bueno de Robin, ya sea Hood, de Locksley o Longstride, no hubiera podido protagonizar sus hazañas, proezas y herocidades, de no manejar un magnífico __Long Bow__ (arco largo) inglés elaborado, a ser posible, con una buena madera de tejo inglés, español o austríaco…

Considerado la ‘ametralladora de la Edad Media’ , el arco largo (medía entre 1,5-1,8 m de longitud, llegando en ocasiones a los 2 m) de los ingleses permitía cubrir a las tropas enemigas con auténticas oleadas de flechas de un brazo de largo con apenas unos segundos de intervalo entre unas y otras, con los terribles estragos que ello causaba no sólo en los cuerpos sino también en la moral y espíritu de lucha del enemigo. Y todo ello a una distancia y velocidad que los enemigos ni soñaban. Sólo la controvertida introducción de la ballesta superó en precisión y alcance al arco largo, pero su lentitud de recarga y su incapacidad de tiro en parábola le concedía mucha menos versatilidad. Como sucede en no pocas ocasiones con algunas de las armas más emblemáticas de la historia, el arco largo no era inglés en origen, sino galés, y se cobró un alto precio en vidas inglesas durante la invasión de Gales a finales del siglo XIII. En cuanto concluyó la campaña, los astutos devotos de San Jorge incorporaron a partir del año 1280 a un gran número de arqueros galeses a sus ejércitos, a la vez que comenzaron a entrenar a sus propios recultas y campesinos en el uso del arco largo. Una pieza de artesanía relativamente barata de elaborar y mantener, que permitía tener un inmenso contingente de labriegos entrenados en el uso de un arma que, llegado el caso,podía ser más decisiva que las lanzas, que exigían, además, una mayor y más complicada instrucción para su más óptimo manejo.

Y por eso, se instituyó dedicar al menos un día a la semana para que los campesinos se entrenaran con el arco largo, que, como es de imaginar, sólo podía ser el domingo, y en el que se interrumpían las labores y tareas, salvo las prácticas que se realizaban en unos campos de tiro junto a las iglesias que eran meras explanadas en las que también se celebraban concursos y competiciones populares de arquería, empleando muchas veces los tocones de viejos árboles como improvisadas dianas.

El fabricar los arcos y flechas no era una cosa rápida e improvisada sino que requería mucho tiempo y una rigurosa planificación previa, ya que se tenían que cortar las ramas o la madera siempre en los meses más fríos del invierno y dejarla curar durante uno o dos años como mínimo. Se escogían los meses más fríos porque la savia se encuentra entonces sólo en la base del árbol y por ello los capilares del resto de tronco y las ramas están totalmente cerrados, lo que evita que, al secarse, se produzcan grietas en la madera. Por eso el tejo español de los valles pirenaicos era tan apreciado como materia prima de los arcos largos, ya que la veta del tejo es estrecha y muy larga, y los procedentes de España y Sicilia, por sus climas mas secos, tenían un crecimiento más lento y, por tanto, las vetas más apretadas. En total, la construcción de un excelente arco podía tardar hasta cuatro años.

Dada su escasez y su condición de material estratégico, Castilla prohibió en no pocas ocasiones vender tejo (os recomendamos que leáis la sección que le dedicó @tiratizas a estos históricos árboles) a los ingleses, pero éstos, tan astutos como siempre, comenzaron a importar vino castellano con la condición de que siempre les fuera enviado en toneles de tejo, que luego desmontaban para usar las duelas como listones para hacer arcos. Para evitar este fraude, las autoridades castellanas ordenaron confeccionar toneles más cortos, para que las duelas no permitieran fabricar los temibles arcos largos, aunque los ingleses descubrieron el modo de hacerlos uniendo dos duelas de barril. Cuando el tejo comenzó a escasear en tierras británicas por la sobreexplotación de la especie, se recurrió a ejemplares hispanos, austríacos y bávaros. El precio de los listones de tejo no dejó de subir disparatadamente a través de la Edad Media, ya que los cotizados árboles casi habían desaparecido del centro y norte de Europa por una tala abusiva, debido a las necesidades bélicas. Hasta 1483, se podían adquirir 100 listones de tejo por 2 libras inglesas, pero, a partir de ese año, el precio se disparó hasta las 8 libras, y ya en 1510 pasó a ser de 16 libras por el centenar de piezas… un fortunón para la época. Los arcos también se realizaban en otras maderas menos elásticas y resistentes, como la de olmo, fresno, roble, nogal, álamo o sauce… y las flechas, que pesaban entre 60 y 100 g y medían unos 80 cm de largo, también se confeccionaban con los mismos materiales y se enjaezaban habitualmente con plumas de ganso u oca.

Los arqueros antes de los momentos previos a entrar en batalla siempre tenían sus arcos desmontados, para evitar que se vencieran y perdieran la elasticidad necesaria. Encordar y descordarlos era cuestión de segundos, utilizando los muslos para flexionarlos y permitir la colocación de las cuerdas, elaboradas en su mayoría con cáñamo, lino o seda, y que solían guardarse debajo de los gorros o cascos, porque así no se mojaban en caso de nieve o lluvia y la grasa de propio cabello las mantenía bien untuosas y listas para la acción de una manera natural.

Para disparar más rápido, los arqueros solían clavar sus flechas enfrente de su posición, que solía estar situada detrás de una herse, o barrera de estacas de madera con las puntas bien afiladas, que protegía a los tiradores de las cargas de la caballería.

 

 

Los ingleses soltaban sus flechas cuando el enemigo se encontraba a unos 300 metros de distancia, por lo que caían con una pronunciada parábola de efecto devastador conocida como ‘lluvia de muerte’. El ritmo de tiro podía llegar a alcanzar los 8 disparos por minuto, e incluso más (de 12 a 15) si se necesitaba una rápida y masiva lluvia de flechas, pero 6 disparos por minuto era el ritmo máximo sostenido, y ya resultaba agotador y muy doloroso para los dedos que tensaban las cuerdas, puesto que hablamos de arcos de entre unas 90-180 libras (41-70 kg) de potencia, así que solía ser algo menor a lo largo de las batallas… y eso tirando al bulto, que muchas veces apuntar exigía cambiar velocidad por precisión.

Tal sería la importancia que los soberanos británicos otorgaban al arco largo, que solían disponer de amplios lotes (tanto de armas completas como de los listones de madera necesarios para su relaización) de miles de piezas acumuladas en la Torre de Londres, que ejercía de arsenal de la Corona para tiempos de conflicto. En 1342, Eduardo III tenía preparados 7.000 arcos y ¡tres millones! de flechas para su invasión de Francia

El gong en China

 

 

El gong es la forma más antigua de arma balística, y se cree que el arco chino fue inventado hace más de 4.000 años.

La arquería era considerada una de las seis artes antiguas que un caballero debía dominar (las otras eran la caligrafía, las matemáticas, los ritos, la música y el manejo de carros). El tiro con arco no era solo una actividad atlética, sino también una forma de mejorar el carácter y desarrollar una personalidad refinada.

En las Analectas, Confucio dijo: “Un caballero no debe competir, pero si se lo obliga, competirá en el tiro con arco. Antes de la competencia, los adversarios deben hacerse una reverencia, y después de la misma, beber juntos. De esta forma, la competencia tendrá caballerosidad”.

El gran filósofo Confucio incluía el tiro con arco entre las ciencias esenciales para el desarrollo humano junto a la escritura, la aritmética y la música.

Con permiso de @tole50 os cuento una leyenda china de tiro con arco.

En la historia china hay un record de tiro que se ha mantenido más de dos mil años. Según registros históricos, Yang Youji, que era sobresaliente en el tiro al arco desde su niñez, y Pan Hu, otro arquero, también bueno en tirar, decidieron competir.

El blanco estaba a unos 50 pasos. Las tres flechas de Pan acertaron la diana, lo que provocó aplausos del público. Era el turno de Yang: echó una mirada alrededor y dijo: “El blanco está demasiado cerca y es grande, permítame disparar a la hoja de sauce a cien pasos de distancia”.

Para ello, pidió que tiñeran una hoja de sauce de rojo, y con una flecha acertó. Pan Hu sorprendido, no creía lo que había visto. Se acercó al sauce, escogió tres hojas y las tiñó y numeró para que Yang disparara otra vez. Yang Youji tocó con la flecha los objetivos uno por uno, despertando inmensos aplausos. Pan Hu quedó convencido y desde entonces, Yang Youji se convirtió en el primer arquero de la antigua China.

El imperio mongol

 

 

El arma principal de los mongoles era, sin duda, el arco compuesto, superior en efectividad a los arcos occidentales de la época.

Cada soldado llevaba consigo dos arcos, uno para distancias largas y otro para distancias cortas, y varias decenas de flechas con distintos tipos de punta que escogían según la función que fueran a realizar.

Los mongoles fueron grandes arqueros que ni siquiera necesitaban bajar del caballo para lanzar flechas, ya que aprendían a disparar siguiendo el galope del caballo y moviéndose al mismo ritmo que él para no desviar la trayectoria de la flecha.

Los mongoles tenían una forma muy concreta de disparar el arco, sosteniendo la cuerda en tensión con el dedo pulgar.

Algunos de ellos llevaban una especie de anillo de jade o ágata para no hacerse daño mientras mantenían la cuerda tensa. También podían usarse pedazos de cuero, hueso o metal para proteger el dedo.

El tiro de arco como deporte

Aunque el valor del arco como arma de guerra declinó después de la aparición de las armas de fuego en el siglo XVI, el reto y la diversión que supone disparar con arco garantizó su existencia. Por ejemplo, Enrique VIII promovió el tiro con arco como deporte oficial en Inglaterra y encargó a Sir Christopher Morris, en 1537, la creación de una sociedad de arqueros, a la que se la conocería como The Guild of St. George (La hermandad de San Jorge). En 1545 Roger Ascham publicó su libro Toxophilus, en el que se recoge el saber de la arquería de aquel entonces y gracias al cual los ingleses mantuvieron su interés puesto en este deporte. A partir de 1600 se crearon todo tipo de sociedades relacionadas con el tiro con arco. Las competiciones y los torneos servían para medir la categoría de cada una de ellas y fueron el primer paso en la constitución del deporte del Tiro con Arco. El más importante y antiguo, celebrado ininterrumpidamente y que aún persiste la actualidad, tuvo lugar en 1673, en Yorkshire, Inglaterra y fue el Ancient Scorton SilverArrow Contest.

En 1781 se fundó la Royal Toxophilite (en griego, toxon, ‘arco’; philos, ‘amante’, ‘amigo’) Society, para impulsar este deporte…

Con el paso del tiempo las mujeres también practicaron este deporte y la primera vez que una de ellas entró a formar parte de una sociedad de arqueros fue en 1787.

Las competiciones de tiro con arco se dividen en varias categorías: diana, recorrido de bosque y de campo, caza y distancia de vuelo. Las pruebas principales de un torneo de tiro con diana se llaman series o rounds y el número de flechas y la distancia están especificados previamente. Los frontales de las dianas están hechos de papel y sujetados en una estera de paja o de otros materiales.

La diana es circular y tiene una serie concéntrica de anillos alrededor de un centro sólido y se coloca a una altura de 1,30 m sobre el suelo. Extendiéndose hacia afuera desde el centro, los colores de los anillos son: amarillo, rojo, azul, negro y blanco. Los anillos tienen asignados valores, en puntos, para las flechas que impactan en ellos; el valor varía desde 10 (en el anillo central de color amarillo), hasta 1 (en la parte de fuera del anillo blanco).

Este deporte formó parte de los Juegos Olímpicos de 1900, 1904, 1908 y 1920. Luego se interrumpió, hasta que de nuevo volvió a ser deporte olímpico, para hombres y mujeres, en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972.

Modernizado en 1992 para aumentar el interés, las tiradas olímpicas consisten en una serie o ronda clasificatoria, una eliminatoria, una final, una eliminatoria por equipos y una final por equipos. Las pruebas individuales engloban 64 arqueros que tiran todos al mismo tiempo a dianas situadas a 70 m de distancia; aquellos que consigan la mayor puntuación, después de varias tiradas eliminatorias, compiten por las medallas.

La competición se realiza de acuerdo con las reglas de la Federación Internacional de Tiro con Arco.

La modalidad de caza simula una cacería, con pequeños blancos situados a diferentes distancias en un paraje natural. En la modalidad de distancia de vuelo, el objetivo es la distancia recorrida por la flecha, más que la precisión del lanzamiento

 

 

EL TIRO CON ARCO, DEPORTE PIONERO PARA LAS MUJERES

 

Seguro que a la mayoría de los Motxuel@s cuando piensa en un arco largo inglés la primera imagen que se le vendrá a la cabeza es un asedio o batalla campal de la Edad Media. Tal vez alguno lo asocie también con la caza. Ambas son actividades de hombres y podría parecer que, cuando la actividad evolucionara a deporte, esta costumbre se iba a mantener, al menos hasta tiempos modernos en los que la mujer tuviese un papel más igualitario en la sociedad y el deporte. Sin embargo, son muy abundantes las fotos y pinturas de finales del XIX y principios del XX de mujeres arqueras. Y es que el tiro con arco es uno de los primeros deportes de competición en los que está socialmente aceptado que participan mujeres. ¿Cómo una actividad históricamente masculina pasa a convertirse en pasatiempo habitual, e incluso predominante, de mujeres? Vamos a verlo.

 

👆 The Fair Toxophiles. 1872. Royal Albert Memorial Museum, UK

 

Los inicios: de arma obsoleta a pasatiempo de moda

El arco inglés, como arma de guerra, fue quedándose obsoleta y siendo desplazada poco a poco por el arcabuz durante el siglo XVI, ya en época Tudor. Pero la tradición inglesa en la práctica del tiro estaba arraigada, y los juegos y torneos que durante la Edad Media sirvieron como entrenamiento para los soldados, sobrevivieron como actividad recreativa más allá del uso del arco como arma de guerra. Entrada la Edad Moderna, hubo una continuidad en la práctica, pero a medida que el tiro con arco perdió su utilidad, fue disminuyendo su popularidad. Entrando al siglo XVIII ya se ha transformado en una actividad propia de las clases acomodadas y exclusiva de hombres, algo lógico teniendo en cuenta la mencionada tradición de entrenamiento militar de la que era originario. Durante el último cuarto de este siglo, cuando se puso de moda y hubo un importante resurgimiento. En estos años se fundaron numerosas sociedades y clubs de arqueros y se organizaron torneos, estableciéndose así como actividad social y de entretenimiento de las mencionadas clases altas. Sociedades como los Royal Kentish Bowmen, la Royal Toxophilite Society, Woodmen of Arden, Royal British Bowmen o Royal Company of Archers fueron de las más célebres y se fundaron estos años, alargándose su existencia durante el siglo siguiente y llegando algunas incluso hasta hoy. Vemos cómo ‘royal’ precede al nombre de algunas, y es que muchas tuvieron el apoyo de George IV (1762–1830) cuando era príncipe. El futuro monarca era un consumado arquero, lo que le llevó a apoyar la actividad y las sociedades, ser presidente de la Royal Kentish Bowmen o elegir como guardia honoraria no oficial para sus visitas a Escocia a la Royal Company of Archers. A él se le puede atribuir la estandarización de las normas de la competición, que hasta entonces variaban en cada club. Se adoptó el sistema en uso desde 1754 por los Finsbury Archers, que no es otro que la clásica forma de diana que ha sobrevivido hasta hoy: anillos concéntricos amarillo en el centro (que por entonces dorado, con pintura con oro de verdad), siguiente rojo, blanco (que posteriormente se cambió a azul), luego negro y, por último, otro blanco exterior que sí ha permanecido. El príncipe también unificó las distancias, 100, 80 y 60 yardas.

 

 

Lamentablemente, como consecuencia de las Guerras Napoleónicas (1803–1815), el tiro con arco y otras muchas actividades decayeron ante la demanda de soldados y muchos de los clubs y torneos desaparecieron, sobreviviendo solo los más populares y a duras penas. Hasta aquí no tenemos mujeres por ningún sitio, pero la cosa iba a cambiar, afortunadamente.

Final de las Guerras Napoleónicas, resurgir del deporte y de las sociedades

Aunque la guerra hizo estragos, a práctica de finales del siglo anterior sirvió de base para que se produjese un rápido renacimiento durante la década de 1820, gracias a los clubs ya fundados o los tratados de arquería escritos por entusiastas, que facilitaron el acceso y el conocimiento a nuevos arqueros. Salvo en Escocia, la construcción tradicional de arcos se había perdido prácticamente, pero enseguida aparecieron en Inglaterra nuevos constructores que reaprendieron o redescubrieron las técnicas del siglo pasado.

Las mujeres rompen el hielo

La gran diferencia con respecto al siglo anterior fue la entrada de las mujeres. Aunque ya en 1787, los Royal British Bowmen fueron la primera sociedad de tiro con arco en aceptar mujeres, el verdadero cambio se produjo en los años 20, con más y más sociedades admitiendo mujeres, aunque algunas con mayor convicción que otras. No encontramos un único motivo convincente para explicar por qué ocurrió, pero así fue. Parece ser que era una práctica socialmente aceptada, saludable y que podía ser practicada con los aparatosos vestidos de la época (que bonitos y pomposos eran pero debían ser un rato incomodos). Autores de libros de tiro con arco del siglo XIX como Horace Ford en su Archery: Its Theory And Practice de 1859 destacan las ventajas para el cuerpo y la mente que tiene la práctica de este ejercicio y el aire libre. Maurice Thompson, en The Witchery of Archery de 1879, dedica un capítulo exclusivo a las mujeres arqueras en el que básicamente se dedica a explicar por qué es aceptable para su sexo este deporte y cómo practicarlo para no interferir en su condición femenina. Además hace una curiosa comparación con el críquet en la que dice que los corsés que llevan las mujeres pueden hacerlas daño con los movimientos de este deporte, también popular en la época, no habiendo ningún problema, por el contrario, con el tiro con arco. Como vemos, la igualdad de género ni estaba ni se la esperaba. Más bien era correcto que las mujeres lo practicasen en una sociedad aun fortísimamente marcada por los roles de cada uno. No me parece de extrañar que la actividad se popularizase por tratarse de una excusa perfecta para salir fuera y entretenerse un rato, ya que las actividades que podía llevar a cabo una mujer de clase alta inglesa en este siglo eran más bien pocas.

 

👆Hombres y mujeres en una fiesta de tiro con arco a orillas de un río frente a la casa de campo de Simon Yorke. 1823. © The Trustees of the British Museum

 

Buscando más motivos del acceso de la mujer, también influyó que la nueva tendencia de este siglo, fue la del disparo de precisión a dianas, en lugar del disparo al aire consistente en llegar lo más lejos posible. Esto hacía que se requiriesen unos arcos mucho menos potentes, lo que volvió el deporte más accesible y atractivo. Y un factor fundamental, tal vez no como detonante, pero sí como contribuyente a la popularización: la existencia de clubs y encuentros de arqueros mixtos convertía el tiro con arco en una excepcional ocasión para entablar contacto y relacionarse con el sexo opuesto en una época donde esta tarea no siempre era sencilla. Una actividad común a ambos sexos que favorecía la interacción, al requerir un esfuerzo físico bajo, con parones entre tirada y tirada ideales para charlar y disfrutar del aire libre. Es habitual en las pinturas de la época sobre escenas de tiro ver a unos y a otros hablando en torno a las mesas colocadas por los sirvientes con comida y bebida cerca de la línea de tiro (lo que no estoy seguro si después de mucho beber los tiros serían más o menos certeros). No es de extrañar que muchos matrimonios se fraguaran ante las dianas y que los padres buscasen que sus hijas participasen en estos eventos como presentación en sociedad.

¿Cómo eran los arcos?

Mientras que *los arcos para hombres eran puramente funcionales, los de las mujeres cuidaban su estética*, pudiendo tener agarres de seda, reposaflechas de perla y extremos para sujetar la cuerda de cuerno elaboradamente tallado. Para ambos sexos, la construcción era cuidada y con un proceso de fabricación que podía llevar hasta 5 o 6 años, debido a que las maderas y adhesivos debían secarse entre fase y fase. Usaron nogal, tejo (del Pirineo español habitualmente, por su calidad) o maderas exóticas como el lancewood (un árbol neozelandés). Una construcción típica era un arco de una pieza o de dos capas de laminado, tallado y lijado hasta darle una forma cuya sección transversal tiene forma de D (aunque los había elípticos también). Las palas eran dos piezas separadas que se pegaban por el centro en una junta con forma de cola de pez para tener la mayor superficie de unión posible. Una herramienta cara al alcance solo de la alta sociedad. Su potencia estaba en torno a 50 libras para los hombres y 30 para las mujeres, no muy diferente a lo que se usa actualmente, y que en kilos equivale a levantar unos 13,5 y 22,5 cada vez que tensas el arco. Potencia suficiente para las distancias de 50 y 60 yardas (unos 45 y 55 metros) a las que tiraban las mujeres y de entre 70 y 100 yardas de los hombres (en torno a 65 y 90 metros). Se han conservado un buen número de arcos para mujeres hasta hoy, lo cual nos indica que había una cantidad considerable de ellas y en buena proporción con los hombres. No es el medidor más preciso con el que valorar la participación femenina, ya que los motivos para conservar estos arcos pueden ser muchos, pero nos ilustra que no fue algo excepcional ni anecdótico.

 

👆Arco de Aldred, siglo XIX. Aldred era un conocido constructor de arcos londinense que ejerció su activid durante el siglo XIX. En la foto superior, detalle de la empuñadura, con la inscripción del constructor y su potencia en libras, 46. Abajo, detalle del tip donde iba sujeta la cuerda.

 

Un deporte victoriano

Un factor importante para la popularización del tiro con arco fue el apoyo de la casa real británica, sobre todo si tenemos en cuenta que los arqueros eran fundamentalmente nobles y gente de clase alta. Ya hemos visto cómo George IV apoyó sociedades, estandarizó normas y, él mismo fue un arquero habitual. Su sucesor William IV (1830 – 1837) y la reina Victoria (1837-1901) continuaron la tradición de apoyar algunas sociedades, aunque no fueron tan activos como George. Victoria, tuvo un interés moderado por el deporte y lo practicó, lo que sin duda contribuyó a la buena imagen y a la aceptación de la mujer en él. Accedió en 1834 al patronazgo de la The Society of St Leonards Archers, una sociedad fundada por las tres hermanas Mackay, que la reina renombró como The Queen’s St Leonards Archers en el 37, poco después de su coronación. Esta sociedad, gracias al trabajo de las hermanas y a las donaciones de terrenos de James Burton, montó el Archery Ground, unos impresionantes jardines de referencia en la época para la práctica de tiro con arco.

 

 

👆Grabado del Grand National Archery Meeting en Leanington, tirada de mujeres. 1851.

 

👆Una de las hermanas Mackay, fundadoras de The Society of St Leonards Archerse impulsoras del Archery Ground. Cerca de 1835.

 

👆Will H Thompson and Mrs. Spalding Brown, ganadores del primer National Archery Meeting de Chicago en 1879.

 

 

Los torneos nacionales ya se llegaron a celebrar en época pre napoleónica, viéndose interrumpidos por la guerra. Desde entonces, los clubs celebraban sus propios torneos, pero no fue hasta la celebración del GNAM cuando se recuperó esta tradición, manteniéndose ya desde entonces y hasta el presente como importante torneo nacional. A raíz del torneo, en 1861 se fundó la Grand National Archery Society, que se encargaría de la organización del mismo. Esta sociedad, aunque al principio era una más, acabó derivando en el organismo responsable de la regulación de la práctica del deporte en Gran Bretaña (el equivalente a nuestras federaciones deportivas), afiliada a la Federación Internacional de Tiro con Arco (FITA), actual World Archery, y es la que lo regula ahora mismo, bajo el nombre de Archery GB. Todas estas regulaciones nacionales, junto a las del príncipe George a finales del XVIII, convierten al tiro con arco en uno de los primeros deportes regulados de la historia y, como consecuencia, uno de los primeros deportes regulados en los que participaron las mujeres.

Una actividad social y familiar

Pero no todo era deporte competitivo. Como ya hemos comentado, el tiro con arco era una actividad social, y los encuentros en clubs una ocasión para relacionarse entre hombres y mujeres y una oportunidad para encontrar pareja. Estas situaciones las relata en su libro Daniel Deronda (1876) la escritora Mary Anne Evans, que publicaba bajo el pseudónimo masculino de George Eliot para evitar prejuicios. La novela, al igual que otras de la autora, es característica por su realismo, componente moralizador y de crítica de la sociedad y sátira. En ella la protagonista acude al Grand National Archery Meeting con una idea clara en mente, deslumbrar a todos los presentes y buscar posibles maridos, para lo que trata de elegir el vestido más adecuado. En la novela se nos presenta esta competición como un gran mercado del matrimonio. Así que de estas familias arqueras surgidas en campos de tiro, no es de extrañar que los padres le pasasen la afición a sus hijos (e hijas, por supuesto). Tenemos evidencia de que los más pequeños de la casa lo practicaban, entre ellas algunos arcos de niño o registros de algún torneo juvenil que se celebró.

En la segunda mitad de siglo el tiro con arco era un deporte consolidado, con numerosos clubs, torneos, y participantes de ambos sexos y todas las edades. También hay una buena producción literaria que contribuyó a difundir el conocimiento. Aportes como el de Horace Ford fueron de lo más destacado. Ganador del GNAM 11 años consecutivos, era un arquero científico que realizó numerosas pruebas y observaciones para mejorar la técnica. Su libro Archery, its Theory and Practice de 1859 es una muestra de su conocimiento que influyó a sus contemporáneos y aún se sigue reeditando y es una lectura recomendable para cualquier arquero tradicional. Entre esta popularidad del tiro con arco, sabemos que se extendió a las clases trabajadoras, habiendo arquerías públicas y torneos aparte de las sociedades de las que formaba parte la clase alta. Los torneos nacionales, además, estaban abiertos a cualquier participante, y en los registros de participación se ven algunos pocos casos de arqueros y arqueras independientes, no afiliados a ninguna sociedad. Los arcos que utilizaban eran modestos, imitando otros de mejor calidad y mucho más caros, pero cumplían su cometido. Incluso en algunas ciudades se podían alquilar arcos por una pequeña suma.

El arco no solo hablaba inglés, y es que desde finales del XIX y principios del XX va cobrando importancia en la Europa continental. En este periodo este deporte se empieza a practicar en Francia, Bélgica, Suiza, Suecia, Países Bajos o Alemania, cuya federación, la Deutscher Schuetzenbund fue fundada nada menos que en 1861. El creciente número de países y la mejora de los medios de transporte y comunicaciones propiciaron las primeras competiciones internacionales. El primer torneo plurinacional que se celebró fue el de Le Touquet, Francia, con participación de arqueros (hombres y mujeres) ingleses, franceses, belgas y suizos. Se consideró un éxito y se celebraron varias ediciones más hasta que se vio interrumpido por la Primera Guerra Mundial.

Siglo XX: una nueva sociedad, un nuevo deporte

Para cuando entramos en el siglo XX la situación del deporte sigue siendo buena pero el número de tiradores se ha reducido debido a una mayor variedad de otros deportes y actividades al aire libre disponibles para elegir. El tenis fue el que más éxito tuvo a partir de 1874, practicado por hombres y mujeres también. Fruto de esto, muchos clubs se volvieron mixtos, ofreciendo ambos deportes hasta que el tenis se impuso totalmente en ciertos casos. El número de clubs se redujo de los más de 100 de los años dorados a 68.

El naciente movimiento olímpico

El evento deportivo internacional más célebre son los Juegos Olímpicos de la era moderna, que comenzaron en Atenas 1896. Como algunos datos de la participación de las mujeres en general (no sólo en tiro con arco) al inicio de los juegos olímpicos, señalar que no estuvo permitida su participación en la primera edición. Su creador, el francés Pierre de Coubertin consideraba que su inclusión sería «poco hábil, carente de interés, estética e incorrecta». A pesar de esto, Stamata Revithi corrió por su cuenta la maratón el día después de los hombres, aunque no le permitieron entrar en el estadio y su marca no quedó oficialmente registrada nunca. La situación cambió en Paris 1900, donde sí se permitió oficialmente la participación y compitieron 975 hombres y 22 mujeres. La primera mujer en conseguir un oro olímpico fue la suiza Hélène de Pourtalès en vela de 1 a 2 toneladas, como parte de la tripulación de 3 personas, ella, su marido y su sobrino, ya que la vela era categoría mixta. La primera campeona olímpica en categoría individual y específicamente femenina fue la inglesa Charlotte Cooper en tenis individual, que también ganó el dobles mixto más tarde. Ya hemos visto como el tenis, inventado en Inglaterra en los años 70 del siglo XIX, hizo que disminuyese el número de arqueros, cosa que también afectó a las mujeres, ya que desde el primer momento fue practicado por ellas también

El tiro con arco olímpico se estrenó en la segunda edición de París 1900, contando solo con categoría masculina, en la que participaron 129 franceses, 18 belgas y 6 holandeses. A pesar de su popularidad en Reino Unido, no hubo arqueros de esta nacionalidad en esta edición. La razón es que los Juegos aún no tenían el prestigio que tienen hoy, y eran más importantes los torneos nacionales, que tenían lugar en una fecha muy próxima. La tercera edición de 1904 viajó hasta Estados Unidos, en San Luis, Misuri. El largo viaje desde Europa provocó que solo participasen arqueros estadounidenses, pero como contrapunto, fue donde se estrenó la categoría femenina. 23 hombres y 6 mujeres, de las que Matilda Howell fue la primera campeona olímpica de este deporte, oro en las dos categorías individuales y en la de equipos. Fue una brillante arquera, cuyo interés comenzó hacia 1878 gracias a los artículos del ya mencionado Maurice Thompson, que consiguió varios títulos regionales de Ohio y se proclamó campeona nacional de Estados Unidos en 17 ocasiones.

Los primeros torneos

Aunque la reina Victoria ayudase a dar impulso, lo cierto es que para la década de los 30 el tiro con arco era un deporte muy popular entre las clases altas británicas, tanto para hombres como para mujeres. Esto continuó así en las décadas sucesivas, constatándose un aumento de la demanda de arcos y de constructores para satisfacerla, además de la aparición de la clubs y sociedades. Se sabe gracias a un libro de 1864, The Archer’s Register, que hacia mediados de siglo había 146 sociedades en Inglaterra y Gales, 22 en Irlanda y 9 en Escocia, las cuales podían alcanzar los 100 o 200 miembros en algunos casos. Con esta popularidad, una reunión de arqueros a iniciativa de William Gray decidió en 1844 instituir el Grand National Archery Meeting (GNAM), un torneo de arqueros anual a nivel nacional, que seguiría las reglas establecidas por el príncipe George a finales del siglo pasado. Con 74 arqueros participantes, el primer encuentro se consideró un éxito y para el segundo ya se decidió que las mujeres debían participar también, siendo 11 las inscritas. Y, aunque las inscritas en los años iniciales no llegaron a la decena, en los 50 ya se vieron proporciones más parecidas de hombres/mujeres, en torno a 90/70 de cada.

Expansión internacional

Y aparte de extenderse entre la sociedad, en el último cuarto de siglo también cruzó el charco, propagándose por Estados Unidos. Aunque los United Bowmen of Philadelphia nacieron en 1826 y ya había algunos arqueros, no fue hasta esos últimos años que se extendió. En 1879 tuvo lugar un gran encuentro en Chicago que fue un éxito y a partir de ahí continuaron celebrándose. De ese mismo año es la fundación de la National Archery Association of the United States of America, que es su federación actual asociada a la FITA. Los hermanos Maurice y Will Thompson fueron de los arqueros más conocidos del momento. Will fue un exitoso arquero ganador del primer torneo de Chicago y Maurice escritor de The Witchery of Archery en 1977. Aunque no podemos profundizar en su historia, es de lo más curiosa. Se iniciaron en el tiro con arco gracias a un ermitaño que vivía en una cabaña en sus tierras y tuvieron que utilizarlo no como deporte, si no como medio de supervivencia. Ambos fueron soldados confederados, bando derrotado de la Guerra Civil Americana a cuyos miembros les prohibieron el uso de armas de fuego tras la contienda. Pero como tenían que seguir cazando para alimentarse, empezaron a hacerlo con arco, esquivando el hambre y dejándose seducir por el embrujo del tiro con arco que les llevó, más tarde, a practicarlo de manera recreativa, participar en torneos y escribir el libro.

En 1908 las olimpiadas volvieron a Europa y se celebraron en Londres. El tiro con arco no fue demasiado exitoso ya que la mayoría eran ingleses: 25 mujeres inglesas, 16 hombres (sí, había más mujeres), 15 franceses y un estadounidense, todos hombres. La ganadora fue la inglesa Queenie Newall, oro en la única categoría femenina y que le valió el récord aún vigente de ser la mujer más mayor en ganar una medalla olímpica, con 53 años. Empezó tarde en el tiro con arco, en 1905, ganando cuatro torneos regionales antes de la olimpiada. Pero tenía una seria competidora a nivel nacional, Alice Legh, una de las mejores arqueras británicas que ha existido, 23 veces campeona de este país. Era ya 18 veces campeona cuando fue invitada a las olimpiadas, pero por motivos no muy claros, decidió declinar la invitación y dejar que su protegida, Queenie, acudiese. Tras el éxito en las olimpiadas, la hegemonía de Alice fue disputada por Queenie, también una gran arquera, y consiguió arrebatarle el título nacional en 3 ocasiones. Por cerrar el tema olímpico, mencionar que en 1912 no hubo tiro con arco, los de 1916 se cancelaron por la Primera Guerra Mundial y en 1920 volvió a haber 30 participantes (hombres) de Francia, Bélgica y Holanda. A partir de ahí, el tiro con arco dejó de ser olímpico hasta 1972, cuando volvió para continuar hasta la actualidad.

 

👆Queenie Newall Londres 1908

 

Entre guerras

La Primera Guerra Mundial trajo un lógico parón de competiciones y actividades en los clubs y un descenso en el número de arqueros, además de ser el detonante de una serie de cambios sociales que serían imparables. La curiosa situación que se dio es que, con los hombres en el frente y las bajas sufridas, el tiro con arco pasó a estar dominado por las mujeres. Los registros de clubs de 1922 nos dejan un balance de hasta 10 mujeres por cada hombre. Entre las consecuencias de la guerra, la camaradería en el frente y las bajas sufridas por la clase alta hicieron que, poco a poco, las rígidas barreras de clases se fueran derribando. Y aunque el tiro con arco siguió siendo un deporte dominado por clases altas, muchos clubs, aunque no fuese por convicción sino por mera supervivencia, comenzaron a admitir gente corriente, cosa que era impensable solo 10 años antes. Tras la guerra, los años 20 trajeron la lenta vuelta a la normalidad en el deporte y la aparición de una importante revista especializada, Archery News, cuya editora fue una mujer, Christina Philips.

 

👆Revista tirco con arco siglo XX, con un resumen de todos los avances que comentamos: arcos de acero, miras, el anuncio de suscripción anual a la revista. Y, cómo no, una arquera.

 

Los años 30 supusieron dos nuevas tendencias importantes: el creciente interés por el deporte competitivo y las innovaciones tecnológicas en el arco. Fruto del creciente interés competitivo, en 1931 se fundó la Federación Internacional de Tiro con Arco (FITA) por las federaciones nacionales de Checoslovaquia, Francia, Hungría, Italia, Polonia, Suecia y Estados Unidos. Su objetivo era la coordinación de competiciones internacionales y la vuelta del tiro con arco a los Juegos Olímpicos, y fue sumando países en los años sucesivos hasta las 162 federaciones que aglutina hoy. Los avances tecnológicos en el arco fueron el fruto de los nuevos materiales desarrollados por la industria en estos años y el aumento de los estudios científicos sobre la física del arco. El arco, que era un arma que había cambiado bastante poco en sus siglos de historia se comenzó a perfeccionar. Se probaron nuevos materiales como el arco de acero, desarrollado en Suecia y Alemania y se popularizaron las miras para apuntar y aumentar la precisión frente al tiro instintivo. Los físicos e ingenieros estadounidenses Clarence Hickman y Paul Klopsteg, además de sus inventos en el área armamentística, condujeron experimentos sobre la física del arco y la flecha. Entre sus conclusiones más importantes, las de que la forma tradicional del arco y su sección en forma de D eran poco eficientes para almacenar energía. Sus descubrimientos llevaron al desarrollo de la forma recurvada de las palas y la forma aplanada que imperan a día de hoy. Estos avances de los años 30, tanto a nivel organizativo y de competición, como técnico, irán evolucionando hasta el desarrollo del deporte tal y como lo conocemos a día de hoy. Y, aunque la Segunda Guerra Mundial causó otro frenazo lógico en la actividad, el desarrollo continuó en los años sucesivos. La mujer, que como hemos visto tuvo una incorporación muy temprana a este deporte comparado con otros, no perdió su papel importante, lo mantuvo y lo conserva.

Curiosidades de arqueros medievales

La señal de victoria realizada con los dos dedos de la mano en forma de «V» tiene sus orígenes, en el símbolo que realizaban los arqueros medievales con el dorso de la mano dirigida hacia sus enemigos, como estrategia psicológica antes de entrar en batalla. Cuando el enemigo veía este gesto, comprendía el mensaje:»Cuidado que aún tengo dedos para armar mi arco y disparar mis flechas».

Cuando alguno de estos hombres era hecho prisionero y si la Diosa Fortuna lo dejaba ser canjeado por una suma de dinero como rescate, se le amputaban los dedos índice y corazón, asegurándose de esta forma que nunca más volvería a disparar una flecha.

La dotación de flechas de un arquero inglés referenciada por los datos de la batalla de Crécy en Ponthieu fue de 24 o 36 flechas atadas en racimos de 12. Las primeras docenas iban armadas con puntas largas especiales para caballería, la ultima docena llevaba puntas de doble filo (barbadas) para infantería y para menor distancia. Antes de que se agotase la dotación de flechas de los arqueros en línea de batalla, se les suministraba dotaciones completas desde carros en docenas exactas. Los encargados de este trabajo eran niños quienes por su condición eran lo suficiente ágiles y rápidos para realizar este trabajo, las flechas las clavaban en el suelo enfrente de los arqueros para que las pudieran disparar más rápido. Muchos de estos niños morían en combate.

Las puntas de flecha destinadas para atravesar las cotas de malla solían tener la longitud de 4 pulgadas y de forma piramidal, las que se destinaban contra los caballos tenían el mismo diseño pero llegaban a ser de 6 pulgadas. Habitualmente se disparaba sobre los animales ya que al sentirse heridos se desbocaban o al caer impedían las cargas de la caballería.

La palabra carcaj, tal como se escribe correctamente en castellano y que significa estuche o funda donde se llevan las flechas que se disparan con el arco proviene de la persa Tarkas.

Los caballeros antes de colocarse los yelmos de sus armaduras, llevaban debajo otra serie de protectores En primer lugar llevaban un casquete o pasamontañas de lino, después un casco de cuero muy fino que a veces estaba relleno de pelo de conejo u otro animal suave, después la caperuza de la cota de malla que llegaba hasta el pecho para proteger el cuello y por ultimo el casco o yelmo de hierro templado.

La costumbre al incorporarse a filas del corte de pelo proviene de la norma de cortar el pelo a los arqueros para que no sobresaliesen del casco con el fin de que las largas melenas de la epoca no se enredaran con la cuerda al tensar el arco.

Batalla de Hasting año 1066. Los arqueros antes de entrar en batalla, tenían sus arcos desmontados. Cordar y descordarlos era cuestión de segundos. El sitio que empleaban para guardar y llevar las cuerdas era debajo de sus gorros o cascos. No se mojaban si llovía y la grasa del propio cabello las mantenía engrasadas.

Ordenanza Yeoman siglo XII. El tiempo mínimo de adiestramiento de un arquero según textos medievales era al menos de 8 años.

Los lanceros y arqueros árabes, formaban una corporación hereditaria y ocultaban «los secretos» de su educación profesional a la gente profana, eran los llamados Rammahs. «Cuando el aspirante ha pasado a través del curso entero de la instrucción y se ha vuelto diestro, entonces y solo entonces, el candidato debe mostrar que puede acertar en el blanco y que puede disparar desde una distancia no menos de novecientas zancadas. El aspirante es ahora un miembro más de los arqueros» Del libro el tiro con Arco. Ananda K. Coomaraswamy.

La llamada «Cola de Moscovia», obtenida a partir de la vejiga natatoria del esturión, era una de las más efectivas y buscadas por los arqueros medievales para pegar sus plumas a los astiles de las flechas. La cola para pegar la plumas a los astiles se conseguía a partir de trozos de piel, hueso y espinas de pescado, que se cocían hasta conseguir una pasta, se le añadía como aglutinante un poco de cal viva. Para hacer grandes cantidades de flechas se podían pegar con resina de abedul que es más resistente y eficaz que las anteriores, y además no le ataca la humedad.

La torre de Londres fue durante muchos años el arsenal de los ejércitos ingleses, en 1359 fueron ingresados en sus depósitos 20.000 arcos, 50.000 cuerdas y 850.000 flechas nuevas

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