14.- LA LEYENDA DE LA CIGÜEÑA

Hoy tenemos en Noches de Leyendas una sorpresa especial para

@InThisLifeTime….🍼🍼….

¡¡ENHORABUENA TITO DEIVID!!

 

#ESCANDINAVIA

LA LEYENDA DE LA CIGÜEÑA

Esta leyenda es un pequeño homenaje para un nuevo mochuelito. Su tío @InThisLifeTime, nos ha anunciado la buena nueva.

La primera vez que escuchamos esta leyenda es en Escandinavia, hace cientos y cientos de años.

Por aquellas tierras las madres contaban a sus hijos que les había traído la cigüeña. Pero ¿ por qué este ave?.

Para los escandinavos simbolizaba la maternidad, por la enorme protección que dedican a sus crías o incluso a aves más mayores o enfermas.

 

 

Además el hecho de que anidaran en las chimeneas y tejados de las casas y que volvieran año tras año para poner sus huevos y cuidar a sus crías, las convirtió en el personaje perfecto para «traer bebés» a las familias que deseaban un niño.

La leyenda fue creciendo poco a poco y creció de tal modo entre la cultura popular, que se le añade la particularidad de que venían de Paris para darle un punto más romántico y la imagen del atillo portando al niño en el pico de la cigüeña, dio paso a explicar a los pequeños la concepción.

 

 

En la Edad Media se pensaba que las almas de los bebés no natos estaban resguardadas en los humedales, lugar frecuentado por la cigüeña, lo que alimentó la leyenda. Además, al ser animales migratorios su regreso siempre anuncia la primavera y con ello el nacimiento de toda clase de vida.

La leyenda de que es la cigüeña quien trae al recién nacido es un mito muy extendido en todo el mundo gracias en gran parte al boca a boca de los cuentos populares; todavía hoy, la relación entre bebés y cigüeñas se conoce en muchos países.

El hecho de que se eligiera a la cigüeña de entre las aves se debe a varios motivos. Para empezar, estas aves se desviven por su familia: se emparejan de por vida, cuidan a sus polluelos de forma excelente y año tras año preparan y mantienen el nido con gran dedicación: ¡un ejemplo de madre excelente!.

Su destino de invierno era un misterio.

Otro dato curioso es que buscando el mejor sitio para ubicar su nido estas aves solían escoger emplazamientos en chimeneas o cercanos a ellas, lo que coincide con el hecho de que las chimeneas se encendían más asiduamente con un bebé en casa.

En la antigüedad estas aves también eran muy apreciadas: en la Antigua Grecia las respetaban hasta el punto de considerar un crimen matar a una de ellas y en Roma era sagrada puesto que se la creía protectora de las mujeres, el matrimonio, el alumbramiento y los recién nacidos.

Todo esto ha contribuido a que esta grácil ave sea conocida por su relación con los bebés.

 

 

 

#ARGENTINA

LA LEYENDA DE LA PRIMAVERA

Hubo una época muy lejana en que la tierra solo conocía una estación: el invierno.

El frío era intenso, la nieve cubría llanos y montañas y las plantas no tenían colores: eran rugosas y opacas.

Cierta vez los hombres partieron en busca de alimentos, que tanto escaseaban, y las mujeres se quedaron cuidando el fuego.El cielo estaba oscuro, presagiaba tormenta.

Y así fue. Un trueno y luego, el viento y la nieve.

Los días pasaban y los hombres no regresaban. Los niños lloraban por sus padres y los abuelos por sus hijos. Las mujeres trataban de mantener la calma para no generar más malestar.

Una madrugada, cuando casi todos habían perdido las esperanzas, aparecieron en el horizonte los hombres.

 

 

Extenuados, muertos de frío, ni podían contar las penurias que habían pasado en las cumbres. Pero había algo…algo que no podía dejar de contarse. No traían con ellos a Sumac, un adolescente valiente y noble, que se había perdido en las nieves.

 

 

La madre de Sumac, desesperada, corrió a la montaña mientras sus pies se enterraban en la nieve. Se escuchaba su voz llamando a su hijo: «¡Sumac, hijo! ¡Sumac!» Y así se perdió de la vista de todos.

Avanzó y avanzó hasta quedar rendida. Fue cuando entonces oyó la voz de Sumac. La desesperación agudizó su ingenio y pudo rescatar al muchacho casi helado. ¿Adonde lo llevaría?

El viento le habló, diciéndole: «Sube con tu hijo a la montaña más alta y toca el cielo»

La madre, con Sumac en brazos, ascendió de una montaña a otra, y en otra y en otra más, pero el cielo estaba siempre tan alto…

El viento insistía: «Sube con tu hijo a la montaña más alta y toca el cielo»

 

 

De pronto, un remolino la envolvió dejándola en la cumbre de un cerro altísimo. La mujer, cayendo de agotamiento, tocó las nubes que se abrieron como una gran cortina. Un trozo de cielo del más puro celeste se fue agrandando. De él brotaron los rayos de un sol radiante, y deslizándose por ellos bajaron pájaros que poblaron la tierra de trinos y aleteos, mariposas multicolores llegaron hasta las plantas en busca de flores que acababan de nacer…El viento se transformó en suave y tibia brisa, se deshizo la nieve y el agua cristalina corrió en cascadas juguetonas.

Sumac volvía a la vida mientras su madre alzaba los brazos al cielo agradeciendo a Inti, el Dios de sus antepasados, el milagro de la primavera que nacía.

Cuentan que desde entonces después del invierno llega la primavera como madre amorosa, para poner su nota de calor, belleza y colores en los campos helados de la tierra.

 

 

 

#TOLEDO

UNA NOCHE TOLEDANA.

Cuenta esta leyenda que no eran buenos tiempos aquellos para la nobleza musulmana de la ciudad, en los albores del siglo IX.

Jusuf-ben-Amrú el gobernador que había nombrado tiempo atrás el emir Alhaken, se mostraba déspota y tiránico, a la vez que gravaba a las clases pudientes con impuestos muchas veces arbitrarios.

Los nobles se mostraban pacientes, pero la actitud del gobernador terminó produciendo en ellos, un sentimiento de aborrecimiento hacia el hombre y sus maneras, que desembocó en el linchamiento de Jusuf-ben-Amrú, cuya muerte debía suponer un alivio para la ciudad y sus habitantes.

 

 

La vacante del tirano fue cubierta inmediatamente por Alhaken quien envió en su lugar a un nuevo gobernador: Amrú el padre del asesinado Jusuf, cuya fama de sanguinario igualaba y aún superaba, a la de su hijo.

La nobleza toledana vio en este nombramiento, un castigo del emir por sus acciones violentas, y que la llegada de Amrú, renovaría y multiplicaría los horrores de antes. Nadie era el responsable directo de la muerte, pero era evidente que los nobles, en bloque, eran los principales sospechosos.

 

 

– Debemos prepararnos para lo peor- dijo un caballero de barbas blancas.

-Sin duda Amrú viene para vengar a su hijo, !estamos perdidos! apuntó a su lado un joven.

Sin embargo, la llegada del nuevo gobernador, trajo consigo una calma y sosiego que nunca imaginaron. Amrú se mostraba amable y cercano con los nobles, les acompañaba, organizaba fiestas e incluso les rebajó los impuestos.

Nadie daba crédito a lo que estaba sucediendo: pensaron todos que tal vez Amrú era consciente de los desmanes de su hijo, y no se sentía con fuerzas para vengarle. Tal vez no era tan terrible como decía su fama….

 

 

Tiempo después de su llegada, cuando la ciudad estaba más tranquila y reinaba la calma en Tolaitola, un mensajero llegó al palacio del gobernador con la noticia de que el príncipe Abderramán, hijo del emir Alhaken, pasaría por allí de camino a Zaragoza.

La nueva fue acogida con alegría por Amrú, que decidió recibir al príncipe como se merecía, y organizó en su honor una gran fiesta en su palacio, con una cena de gala a la que invitó a los notables de la ciudad.

 

 

Los nobles estaban encantados con el anuncio de la llegada del príncipe heredero de los Omeyas porque al fín iban a tener el honor de conocerle, y porque, según se comprobaba, no había escatimado los gastos Amrú en la preparación de la fiesta.

Llegó la noche de la celebración…..: nadie hubiera sido capaz de adivinar la horrible tragedia que se avecinaba, en lo que todos pensaban iba a ser una espléndida fiesta.

 

 

Los invitados entraban por una puerta que conducía a un foso que había en el interior, y allí los esperaban los feroces guerreros de Amrú, quienes siguiendo sus órdenes, iban decapitando uno a uno a los nobles toledanos, y luego arrojaban sus cabezas al foso, como terrible escarmiento por la muerte de Jusuf-ben-Amrú. Así hasta convertir la noche en un baño de sangre.

 

 

Desde un extremo de la sala el gobernador y el príncipe observaban la escena: el primero, satisfecho; el segundo horrorizado incapaz de comprender el espectáculo que se ofrecía a sus ojos incrédulos.

Cuando el último fue decapitado y su cabeza pasó a formar parte del macabro contenido del foso, Amrú exclamó satisfecho:

– ¡ Hijo mío, ya puedes descansar en paz!. ¡ La venganza se ha cumplido!.

 

 

A la mañana siguiente, de las almenas del palacio del gobernador, colgaban las cabezas de cuatrocientos nobles toledanos, con los ojos vidriosos empañados por el velo de la muerte, y la sangre reseca en sus cuellos cortados. Aquella terrible noche toledana conocida como la del foso, había traído la muerte y la venganza, y había dejado para la posteridad, una frase que aún se sigue empleando para referirse a una mala noche.

 

 

Cuenta la leyenda que el príncipe Abderramán, tras contemplar aquella matanza, quedó tan impresionado que desde entonces no pudo evitar un tic nervioso que le obligaba a un parpadeo contínuo.

 

 

Gracias por vuestra atención