La Ciudad Subterranea de Edimburgo

 

Bajo la antigua ciudad fortificada de Edimburgo, en Escocia, se encuentran las Catacumbas de South Bridge, un laberinto de siniestras cámaras y húmedos túneles subterráneos que acabó por convertirse en triste guarida de villanos y mendigos. Estas catacumbas de oscura piedra sirvieron en un principio de residencia y lugar de trabajo a comerciantes y mercaderes, pero al degradarse progresivamente, las cámaras y túneles pasaron a ser el refugio en el que habitaron, y muy a menudo murieron, los ciudadanos más pobres de Edimburgo. Prostitución, pobreza, violencia y enfermedades asolaron las catacumbas, y algún tristemente célebre asesino en serie llegó a ocultar su sucio trabajo en los rincones de piedra de sus oscuros túneles.

 

 

La ciudad de Edimburgo se alza sobre siete colinas principales, y su castillo, junto con sus formidables fortificaciones, fue construido alrededor del siglo XII como protección contra posibles invasores y eventuales asedios. El emplazamiento en el que está situado lleva habitado desde el siglo II d. C.

 

 

Naturalmente, cuanto más cerca se viviera del castillo, mejor, y fue por esta razón por la que se construyeron puentes para cruzar los profundos barrancos que se abrían a los pies del castillo, modernas autopistas de la época.

 

 

Los 19 arcos que soportan el peso del South Bridge (Puente del Sur) fueron construidos en 1785, y sus catacumbas, cámaras y túneles fueron creados por debajo de la superficie del propio puente, siendo a continuación amurallados y compartimentados en niveles descendentes. Se construyeron en total unas 120 catacumbas o cámaras por debajo del South Bridge. En Marzo de 1788 se abrieron oficialmente al público.

 

 

La superficie del South Bridge se convirtió así en una localización privilegiada para los negocios, en especial durante la Revolución Industrial. Por debajo de las prósperas zonas comerciales había talleres de artesanos, y por debajo de éstos, viviendas.

 

 

Por debajo de todo este complejo creció inevitablemente una ciudad subterránea, que finalmente acabó degenerando y degradándose hasta convertirse en suburbios asolados por la pobreza, las enfermedades y la violencia. Cuanto más abajo estabas por debajo del puente, más baja era tu clase social.

 

 

 

La era industrial trajo empleos y prosperidad a Escocia, aunque la vivienda, la planificación urbanística y la salud pública no mejoraron al mismo paso. Las condiciones de vida en las ciudades eran pésimas. Había un exceso de población en los suburbios, ya que familias de más de 10 miembros vivían en habitaciones abarrotadas. Las tasas de mortalidad eran muy altas (más que en Inglaterra y otros países de Europa en la misma época); y sin recogida de basuras, agua corriente ni luz del sol, las enfermedades se extendieron, y la tuberculosis se convirtió en un problema creciente.

 

 

Para aquellos que vivían en las profundidades de las Catacumbas de Edimburgo, las dificultades se acumulaban una tras otra. La Hambruna Irlandesa de la Patata de 1845-47 inundó Escocia de refugiados, que a menudo iban a parar al nivel más bajo de South Bridge. Por si fuera poco, criminales y habitantes de los bajos fondos traficaban en el interior de los túneles con mercancías ilícitas del mercado negro, llegando a crear un “barrio rojo” con infinidad de casas de apuestas, tabernas y burdeles, lo que provocó que el crimen, los robos y los asesinatos se extendieran como la pólvora.

 

 

Las condiciones acabaron por ser tan nefastas que, según parece, algunos asesinos en serie fueron capaces de asesinar a más de una docena de desventuradas víctimas y ocultar sus cuerpos en las catacumbas, todo ello sin ser detectados ni por supuesto detenidos.

 

 

Un tristemente célebre ejemplo de todo esto es el conocido caso de los asesinos Burke y Hare. En 1828, dos inmigrantes irlandeses, William Burke y William Hare, que presuntamente mataron a 16 personas (la mayor parte de ellas mujeres), guardaron sus cadáveres en lugar seguro en las profundidades de las catacumbas para vendérselos más tarde a un cirujano que llevaría a cabo con ellos sus disecciones en sus populares lecciones de anatomía. La demanda de cadáveres en una época de grandes avances de la ciencia médica significaba que los cuerpos eran una mercancía valiosa, y el hecho de que estos cadáveres no fueran detectados aun encontrándose tan cerca de la gente que vivía en las catacumbas dice mucho de las terribles condiciones de vida que imperaban en el lugar.

 

 

Hay indicios de que incluso los ciudadanos más pobres y desesperados acabaron por abandonar los suburbios de South Bridge entre 1835 y 1875. El complejo de catacumbas fue intencionadamente clausurado, vertiéndose toneladas de escombros en sus túneles y cámaras. Desconocemos la fecha exacta en que esto ocurrió, ya que no aparece en los archivos históricos de los que disponemos.

 

 

La oscura historia de las catacumbas de South Bridge cayó en el olvido con el paso del tiempo. En las décadas siguientes, todos el mundo olvidó que en los túneles que recorrían el subsuelo de Edimburgo habían vivido familias.

Más de cien años más tarde, en 1980, un jugador escocés de rugby redescubrió por casualidad los túneles y cámaras ocultos, que fueron excavados y restaurados, retirándose de ellos cientos de toneladas de escombros. Solo cuando se desenterraron juguetes infantiles, botellines de medicinas, platos y otros utensilios domésticos amontonados junto a otros desechos, los investigadores se dieron cuenta de que South Bridge había sido el hogar de muchos desgraciados.

 

 

 

Se dice que un niño fantasma de nombre “Jack” agarra a los visitantes de la mano, y que el más amenazador “Mr. Boots”, descrito como “un tipo odioso y desagradable,” arroja piedras a la gente. Algunos de los que visitan las catacumbas dicen haber podido oír las pisadas de sus botas sobre el empedrado, y el eco de su voz resonando en los túneles.

A pesar de esto (o seguramente debido a ello), las visitas a las catacumbas de Edimburgo son muy populares, y hay incluso empresas que organizan en el lugar eventos privados, bodas y espectáculos con música en vivo. Se han emitido diversos programas televisivos con gran éxito de audiencia acerca de ellas, y también documentales sobre las voces fantasmales y sucesos sobrenaturales.