15.- LA PARIS-ROUEN La primera carrera de coches de la historia

 

El domingo 17/06/18 Fernando Alonso y su equipo ganan las famosa carrera 24 horas de Le Mans, siendo el segundo español en conseguirlo, ya que Marc Gené las ganó en 2009.
Un día entero, 24 horas, son muchas, incluso cuando hay relevos al volante. El récord de kilómetros en ese tiempo lo marcaron dos alemanes y un francés conduciendo un Audi, dando 397 vueltas, lo que son casi 5.411 kilómetros. Son más de 225 kilómetros por hora de media durante todo un día. Si estos tipos, con ese Audi, hubieran corrido la que se considera la primera carrera de coches de la historia, hubieran acabado la misma en poco más de media hora, en lugar de las 7 horas que le llevó al vencedor. No les habría dado tiempo ni a calentar el motor.

Aquella primera carrera, aunque ya habían existido algunos intentos, tuvo lugar en Francia eL 22 de julio de 1894, y la distancia de la misma fueron unos 127 kilómetros. El periódico parisino Le Petit Journal fue el organizador, y la carrera tenía como origen París y como destino Rouen.

Pero antes de continuar con el relato, es preciso aclarar dos cosas:

El primero es que el periódico «Le Petit Journal» apareció por primera vez en 1863 y ya a finales del siglo XIX era uno de los principales rotativos de la capital francesa, consiguiendo en 1890 la cifra de un millón de ejemplares diarios. Aunque finalmente desapareció en 1944 esto ya forma parte de otra historia.

El segundo punto a destacar es que Pierre Giffard (1853-1922) fue un destacado periodista de ese periódico, siendo considerado hoy por hoy como precursor del periodismo moderno así como pionero del periodismo deportivo.

 

 

Y todo esto ocurrió apenas una década después de que el primer automóvil recorriera sus primeros metros. Ya surge la inquietud de batirse sobre estos «coches sin caballos» como son llamados en este concurso que desafiaba a los temerarios pilotos a completar el recorrido desde la capital de Francia hasta la ciudad de Rouen. Cómo ya hemos comentado eran un total de 127 kilómetros, eso sí, con unas paradas programadas incluida la de la localidad de Mantes-la-Jolie para que los caballeros (no hubo ninguna dama en carrera) pudieran desayunar convenientemente.

 

👆 Anuncio para la inscripción de participiantes

 

Aunque pudiera pensarse que por ser la primera competición carecía de reglamento, La París-Rouen se propuso con unas premisas muy parecidas a las que se utilizan en los rallies de nuestro tiempo.
Se avisaba de que no era una competición a lo loco, sino una prueba por eliminación y en la que se ganaba sumando los mejores tiempos en los tramos establecidos.
Los coches salían numerados y en algunas etapas de uno en uno y los jurados repartidos por todo el recorrido eran los encargados del preciso cronometraje.
Además, en cada coche (que debía ser de dos plazas como mínimo) viajaba un comisario asignado por Le Petit Journal, que al final de la carrera debía valorar la actuación del equipo con una calificación sobre 20, siendo eliminados los equipos que consiguieran menos de 16.
La presencia de estos jueces se justificaba debido a que la competición la ganaría aquel vehículo que cruzase primero la meta pero que también cumpliera requisitos de fiabilidad y comodidad a juicio de los representantes de la organización.

 

Tecnologías avanzadas

La meticulosidad de la organización llevó incluso a la utilización de ouvreurs a modo de reconocimientos previos de los tramos como en los actuales rallies, pero en aquella ocasión confiados a ciclistas voluntarios encargados de alertar de la llegada de los «coches sin caballos».
La convocatoria tuvo inicialmente una entusiasta respuesta y al periódico galo llegaron nada menos que 102 peticiones de inscripción. Pero a la hora de la verdad, solamente se presentaron 32 equipos.

Un detalle que nos parece ahora de gran actualidad es que se admitía cualquier tipo de vehículo automotriz independientemente de la tecnología utilizada, ya fuesen de vapor, eléctricos, de gas, petróleo, neumáticos, híbridos, etc. Incluso se inscribió algún vehículo que funcionaba utilizando el propio peso de los ocupantes, sistema de propulsión denominado bariciclo.
Además, la inscripción precisaba que los coches podrían ser de cualquier país, dando de esa manera internacionalidad al certamen. El hecho es que todos los coches eran en su mayor parte franceses con la participación de un menor grupo de vehículos alemanes.

 

 

👆 Mapa con el itinerario de la carrera

 

La competición

El certamen comenzó con un día de exhibición de los vehículos en Neuilly, auténticas atracciones en esos albores del automovilismo, en el cual se premiaron los mejores coches atendiendo a su seguridad, comodidad y precio competitivo. Ganaron un Panhard&Levassor empatado con un Peugeot.

Antes de la prueba los participantes tuvieron que superar las eliminatorias iniciadas el día diecinueve de julio, siendo obligados a realizar un recorrido de cincuenta kilómetros en solamente cuatro horas. Ello significaba que para superarlas el vehículo debía ser capaz de ir a una velocidad media de doce kilómetros a la hora, algo que por aquel entonces no era precisamente sencillo. Dichas eliminatorias supusieron un filtro que sirvió para descalificar la gran mayoría de candidatos, superando la prueba solamente veintiuno de ellos.

Desafortunadamente no todos los vehículos inscritos estuvieron a la salida de las eliminatorias, pues por ejemplo el vehiculo del conde italiano Carli fue retenido en la aduana a causa de problemas burocráticos. A pesar de ello, el italiano no quiso perderse la salida aunque no le quedó más remedio que desplazarse hasta la capital francesa en tren.

Otro participante que quedó «descolgado» fue el constructor M.C.R. Garrard, quien tras asegurar que su vehículo funcionaba correctamente (incluso ante testigos tan ilustres como una asociación de ingenieros de Birmingham), finalmente su propietario decidió no acudir a la competición dejando al constructor con un palmo de narices.

A destacar que la competición se realizó a carretera abierta, siendo ello posible gracias a dos factores determinantes: El primero de ellos es que por entonces el tráfico rodado era más bien escaso, permitiendo que se pudiera celebrar una competición sin demasiado peligro para los demás conductores. El otro factor (y probablemente de mayor peso que el anterior) es que la gran mayoría de participantes procedían de familias adineradas, industriales o de la nobleza.

Siguieron tres días en los que se disputaron cinco pruebas especiales clasificatorias por los alrededores de París, sobre una distancia de 50 kilómetros cada una de ellas. Finalmente, en la línea de salida de Porte Maillot se alinearon 21 automóviles dispuestos a protagonizar hasta Rouen la que sería primera carrera de este nuevo y revolucionario modo de transporte.
Los participantes, a pesar de la compostura que debían mantener los gentlemen en las competiciones, se lo tomaron bastante en serio. Los coches fueron preparados y aligerados para la ocasión, para lo cual fueron desprovistos de estribos, mantas, guardabarros y cojines habituales para aportar mayor comodidad a sus ocupantes.

 

👆 Listado de participantes

 

Ruedas de madera

 

 

Eran automóviles de chasis muy parecidos al de los coches de caballos, que se guiaban ya fuera con un volante, un manillar o sencillamente con una palanca que actuaba sobre la dirección.
Los espectadores, al principio muy curiosos, se apiñaron en las cunetas, pero se empezaron a alarmar cuando vieron llegar cada 30 segundos, el margen de salida, a esas ruidosas, en ocasiones humeantes y, sobre todo, rápidas máquinas.
No tardaría en levantarse una corriente social en contra de las máquinas infernales por su peligrosidad y porque asustaban a los caballos, produciéndose así los primeros accidentes provocados por los automóviles.
También se registraron algunas incidencias como roturas de ruedas, que eran de madera, debidas a las «infames carreteras» como definirían en la prensa de la época aquellas pistas de tierra apisonada sin asfaltar.

El primer vehículo en cruzar la meta fue el tractor del conde Albert de Dión (1856-1946), cubriendo el trayecto en cinco horas y cuarenta minutos. Dicho vehículo corría con el dorsal 4 y funcionaba con un motor a vapor. Contrariamente a lo que se indica en webs como Wikipedia, el vehiculo de Dion NO ERA UN TRICICLO, sino un vehículo de cuatro ruedas que arrastraba un remolque con dos ruedas en el cual iban acomodados los observadores de la carrera más uno de los dos fogoneros encargados de alimentar el motor. A los mandos del vehículo tractor estaba el propio Albert de Dión. No obstante, los jueces que acompañaban al conde decidieron descalificar al vehículo, pues aparte de echar considerables chispas la gran velocidad que alcanzaba hacia de este un vehículo peligroso.

Tras aceptar esta resolución, la organización de la carrera otorgó el premio a los herederos del fundador de Peugeot, los cuales corrían con el número 65 y cuyo vehículo cruzó la meta cinco minutos después del participante descalificado.
Los Peugeot obtuvieron un premio de cinco mil francos que compartieron con Panhard-Levassor (dorsal 13), los cuales llegaron cuartos. Pero De Dión no se fue con las manos vacías, pues obtuvo un premio de «consolación» de dos mil francos, demostrando que por encima de la competición estaba el sentido de la caballerosidad. Finalmente, indicar que cruzaron la meta solamente diecisiete participantes en total.

El hecho que el ganador descalificado corriera con un coche a vapor y los otros dos con motores alimentados por petróleo, dio pie a que se iniciara una disputa que duraría décadas para decidir cual de los dos sistemas era mejor, más potente y fiable.

Terminada la competición, muchos participantes se reunieron en la casa del conde De Dion donde satisfechos del éxito de esa primera convocatoria decidieron emprender una aventura todavía más ambiciosa.
Esta tendría lugar un año más tarde y cubriría el trayecto Paris-Burdeos-Paris con un total de mil doscientos kilómetros, siendo la primera prueba automovilística cronometrada de la historia.

Curiosamente esta nueva carrera fue organizada por el propio Albert de Dion que además de ejercer de político se le considera uno de los pioneros de la industria automovilística francesa. Su negocio dentro del mundo del automovilismo lo inició con sus socios Georges Bouton y Charles Trépardoux fundando la compaña De Dion-Bouton en la localidad de Puteaux en 1883.

Durante un corto periodo de tiempo fue el principal fabricantes de automóviles del mundo, aunque después de la Primera Guerra Mundial reconvirtió el negocio en fabricante dedicado al mundo del ferrocarril.

A este apasionado de los automóviles también se le debe ser el fundador del Salón del Automóvil de París en 1898 (pionero de estos certámenes internacionales) y del periódico L’Auto en 1900 (uno de los principales periódicos deportivos de la época que dejó de publicarse en el año 1944). Asimismo también fue co-fundador de l Automóvil Club así como del Aero Club de Francia en 1898.

 

👆 Reportaje de la carrera

 

Curiosamente, era el triunfo de un invento de Gottlieb Daimler (vaya, Mercedes ya ganaba por entonces…), el motor de explosión, que demostró su valía.
Asistió entusiasmado a la prueba con su hijo, Paul, que recordaría años después:

“En la madrugada del día de la carrera, mi padre y yo estábamos cerca de Porte Maillot en París. Grandes multitudes se reunieron para ver lo que era un espectáculo único en el momento: la alineación de los vehículos para la carrera. Estos coches de carreras eran muy distintos en la forma, tamaño y tipo. Vehículos a vapor enormemente poderosos y pesados con remolque compitieron contra filigranas a vapor de tres ruedas, y éstas a su vez en contra de los vehículos con motor de gasolina. Todos ellos habían llegado con la misma ambición, es decir, ser el primero en llegar a Rouen y el primero en estar de vuelta en Porte Maillot en París.
“Nosotros mismos acompañamos la carrera en coche. Los diferentes tipos de vehículos hicieron las impresiones más peculiares de los espectadores. En los vehículos a vapor pesados, vimos fogoneros, chorreando de sudor y cubiertos de hollín, palear material de combustión en los hornos. Vimos a los conductores de los pequeños de tres ruedas a vapor, controlar la presión y el nivel del agua en la caldera tubular pequeña, elaboradamente construida, y ajustar el horno de gasoil en todo momento. Y entonces vimos a los controladores de la gasolina y los vehículos con motor de petróleo, perfectamente relajado tras el volante, operando las palancas de una y otra vez – como si estuvieran en un viaje de placer-. Era una mezcla verdaderamente rara y sigue siendo inolvidable para mí… “.

También un corresponsal de la época cuenta sus impresiones:

“Mi propia opinión es que el vapor es bastante inadecuado para las personas privadas que desean conducir sus propios coches. Las objeciones a la utilización de petróleo, o más bien la gasolina, son, en primer lugar, el olor, el cual, cuando el motor está funcionando correctamente, es casi ausente; y, en segundo lugar, la vibración mientras está en reposo. Yo estaba ansioso por ver el motor eléctrico, que se había inscrito, pero no apareció.”

Este concurso, o prueba, o carrera, o como la queramos llamar, dio inicio a una escalada de pruebas automovilísticas que acabaron creando un deporte específico. Fomentaron el avance, la investigación, el desarrollo, el acercar al pueblo las tecnologías más avanzadas del momento.

Si miramos atrás desde nuestra posición, eran feos, lentos e incómodos. Pero eran unos visionarios, unos aventureros a los que, gracias a su pasión e interés, debemos ese maravilloso invento que es el automóvil, y su vertiente competitiva.

Lo más llamativo de todo es que hoy, que el mundo busca una respuesta al petróleo, no nos damos cuenta que las energías alternativas se investigaron desde el mismo origen del motor y del automóvil. Sólo hay que desempolvar la historia, y celebrarla.
Eso… y que un motor de patente Daimler-Benz ya era la referencia tecnológica. La historia es cíclica, dicen.

Hace 124 años del inicio de un deporte que ha maravillado a millones de personas. Esperemos que por muchos más.

La primera mujer que compitió en una carrera motorizada fue la francesa Hélène van Zuylen, quien completó la carrera París-Ámsterdam-París en 1898.

Pero esa es otra historia.