15.- BRUJAS Y HECHICERAS

 

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Brujas y Hechiceras de Toledo

Fueron muchas las mujeres acusadas por los procesos inquisitoriales por hechicería en Toledo. Embrujamientos, sortilegios, conjuros, pócimas…, todas las “ciencias toledanas” no fueron imaginación de mentes alteradas por el fanatismo. De estas “artes” quedaron como documentos las actas que los inquisidores toledanos redactaron arrancadas en confesión a aquellas “brujas” que cometieron estos actos.

Toledo encierra tras sus nueve puertas de acceso numerosos conventos, iglesias y ermitas, con cientos de personas religiosas dedicadas desde hace siglos al más estricto recogimiento espiritual. Es curioso cómo una ciudad tan intensamente religiosa siempre ha sido reconocida como uno de los baluartes de la superstición, la magia, la hechicería incluso hoy en día.

 

 

Es también un hecho curioso que en Toledo apenas exista iglesia, por pequeña que sea, que no contenga una imagen “que no haya curado, procurado favores, hecho justicias o bien su origen es milagroso, incierto o misterioso. Si bien es todo ello respetable, parece también cierto que “el lado opuesto” a estas creencias, la superstición y la creencia en hechos mágicos próximos al paganismo y animismo tuvieron una frecuente presencia entre los toledanos de pasados siglos.

 

 

La propia toponimia de las calles toledanas nos orienta en cuanto a la intensa actividad mágica de la ciudad: “Callejón del Diablo”, “Callejón de los Muertos”, “de la muerte”, “callejón del Infierno”… Son también muchas las leyendas que implican entre sus amoríos la intersección de hechiceras, de pócimas, y son también muy numerosos los procesos inquisitoriales que finalizaron con castigos a mujeres acusadas de hechicerías. Estas artes mágicas, de claras influencias musulmana y judáica, desde siglos atrás se las conoce en toda Europa como “Artes Toledanas” o “ciencias toledanas”, dado la importancia del culto a la magia en la ciudad. Ya desde antiguo se conocía el enclave toledano como fuente de saberes ocultos, y fue en parte la “Escuela de Traductores de Toledo” la encargada de divulgar por toda Europa la fama de la ciudad.

Centrándonos en la brujería y hechicería, las supersticiones son una constante en todas las épocas y en cualquier cultura. Se trata siempre de conseguir metas inalcanzables por otros medios: salud, riqueza, amor… La aparición de la Inquisición y sus “investigaciones” propició la intensificación de estas artes mágicas. Los inquisidores utilizaron varios manuales para la identificación de estas artes, de entre los que destaca el “Malleus Maleficarum”, libro para adiestrar a los inquisidores sobre los aspectos referidos a la hechicería, la demonología y las artes mágicas.

Todas las “suertes” de hechicería eran utilizadas en Toledo: la adivinación mediante la “suerte de habas” consistente en recitar una oración en voz alta con dos habas metidas en la boca; los naipes; las pócimas con hierbas; los “untes”; los conjuros mágicos…

 

 

Hubo un cierto “dejar hacer” por parte de la Inquisición toledana hacia estas prácticas mágicas. Todas las hechiceras eran conocidas en la ciudad, y sus artes utilizadas por vecinos de cualquier estrato social. Hasta 1530, ya con cuarenta y cinco años de funcionamiento, el Tribunal toledano de la Inquisición no procesa a persona alguna acusada de hechicería. El nombre de la desafortunada fue Leonor Barganza, de gran fama entre los toledanos por sus conjuros para “desligar”, y fue precisamente esa fama, las envidias y los encontronazos con los vecinos lo que propició su arresto. En sus propias palabras, ella era requerida por muchas personas “…que le pedían que les hiciese algunas cosas para que fuesen bien quistas de sus maridos, de noche y de día, casados e por casar, de diversas cualidades, como si fueran a ganar pendones…” Esta mujer siempre andaba en hábito de beata, siendo además descendiente de judíos, lo que ya de por sí era grave para los ojos de un inquisidor y motivo mayor para su acusación inicial por parte de estos.

 

 

También es detenida en aquellas fechas Catalina Tapia, su directa competidora que vivía en la Plaza del Marqués de Villena, con intensa vida amorosa (en ocasiones previo pago) y a la que también se le achacaban ciertos sucesos relacionados con la hechicería sucedidos en la ciudad. Catalina es detenida en 1532, y como se niega a declarar se la pone en el tormento. Según narran las actas inquisitoriales, el tormento fue leve y lo aguantó sin declararse culpable. Fue condenada a recibir un centenar de azotes.

También Mencía Chacón, que vivía en la calle de la Trapería, sabía hacer conjuros para atraer amantes. Curiosa la forma de hacerlo, pues a media noche salía a la puerta de su casa y exclamaba: “Diablos del horno, traérmelo en torno; diablos de la plaza, traérmelo en danza; diablos de la carnicería, traérmelo ayna”.

 

 

Fueron muchas más las mujeres y hombres detenidos por la Inquisición acusados de hechicería; entre estos nombres destacan Catalina Rodríguez, Juana Hernández, dedicadas a practicar conjuros de poca monta (casi siempre relacionados con el amor)

 

 

La que era considerada mejor hechicera de Toledo vivía junto a la puerta del Cambrón. Inés del Pozo recibía de forma habitual numerosas visitas de hombres en su casa para que les devolviese la virilidad que les había sido arrebatada por las otras hechiceras toledanas… También contaban entre sus habilidades recuperar amores de mujeres despechadas, para lo cual utilizando alguna ropa del hombre, previamente untada con su semen, y a media noche como es menester, recitaba: “Conjúrote, semilla, así como del cuerpo de Satanás, con el Diablo Cojuelo que puede más, que así como te has de quemar, así se queme Fulano por mí, que no pueda sosegar hasta que no venga a mi mandar”, quemando después la ropa. La condena que esta mujer sufrió fue de las más duras impuestas por este tipo de delitos: diez años de destierro y doscientos azotes.

No poco conocida también en 1635 era Ana de la Cruz, que vivía en la calle del Pozo Amargo, y junto a ella buen número de hechiceras Toledanas. Esta zona de Toledo, muy próxima a la Catedral, siempre fue habitual lugar de correrías de brujas y hechiceras, y aún hoy en día son muchos los que atraviesan el cobertizo cercano al pozo que allí se encuentra los que “sienten algo”. Ana era experta en la búsqueda de desaparecidos, en los conjuros relacionados con el amor, y en su casa se hallaron numerosos elementos utilizados en estas artes: valeriana, “unto” de ahorcado… Fue procesada, siendo condenada a tres años de destierro.

Por esta época destacaban también en Toledo María de las Cuevas, Isabel Bautista, mujeres de bajo estrato social, en ocasiones casi en la más absoluta miseria, que aprovechaban estas artes transmitidas oralmente para ganarse el sustento.

Fue hacia 1808 cuando queda registrado el último proceso inquisitorial contra una mujer en Toledo. Francisca N., que vivía en la calle de San Lorenzo es acusada de realizar diversos sortilegios amatorios, pero debido a la convulsa situación de este momento histórico (invasión Francesa) el caso queda incompleto, siendo éste el último proceso inquisitorial que por superstición se dio en el Tribunal de Toledo.

 

 

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La Bruja de Wookey Hole

Cuentan que hace mucho tiempo, en la alta edad media, había una anciana que vivía en las cuevas de Wookey Hole. Todos los que habitaban el pueblo, creian que la mujer era la fuente de todos los males que se cernían sobre el territorio. Así, que decidieron aislarla , obligándola a abandonar su casa y mudarse a la cueva donde viviría con su perro y algunos animales de granja.

Nadie sabe con certeza si la anciana realmente era una bruja, aunque la leyenda de su mito empieza con la ruptura de un noviazgo. Un joven de Glastonbury estaba prometido con una chica de Wookey Hole. La anciana,a causa de que el joven la había repudiado, sentenció el romance acabando en ruptura. El joven, que era conocedor de la fama de la bruja, se lamentó, derramando lágrimas amargas de dolor al saberse condenado de por vida.

 

 

Paso algún tiempo, y el joven, condenado a no amar nunca más, terminó convirtiéndose en monje de una orden benedictina, pero nunca logró olvidar lo sucedido. Un dia los habitantes de Wookey Hole solicitaron la ayuda del abad para poder desterrar el alma de la bruja de una vez por todas y sacarla fuera de alli. Entonces el joven convertido en monje vio una oportunidad de tener su venganza. Así, que se dirigió a la cueva y se escondió a observar a la hechicera. Esta estaba entretenida con su caldero y despues de haberla observado durante mucho tiempo, decidió pasar a la acción.

 

 

Cuando la bruja advirtió su presencia empezó a correr iniciándose una larga persecución a través de las cuevas. Las escaleras del infierno, fueron testigo de cómo el joven bendijo el agua del río y rociando a la bruja, convirtiéndola en piedra para siempre. Luego para terminar, cogió una vela y una Biblia y la desterró a las profundidades del inframundo donde su alma permanecería para siempre en triste condena.

Nadie sabe si esto es un mito o si pasó realmente, pero en una expedición arqueológica efectuada a las cuevas, encontraron unos huesos de mujer que a día de hoy siguen atrayendo a multitud de curiosos.

Las cuevas de Wookey Hole es un gran atractivo turístico en Inglaterra, concretamente en el pueblo de Somerset, cerca de Gales.

 

 

Somerset, Inglaterra
Somerset, Inglaterra

 

 

 

 

 

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