27.- LA CAMPANA DE LOS COMUNEROS.

#LeyendasdeToledo

Como algunos mochuelos/as se alojarán en esta calle, hoy os cuento su leyenda, que la tiene, para que sepan su historia

LA CAMPANA DE LOS COMUNEROS.

Se acercaba la hora en la que el claustro de la Catedral iba a ser cerrado, cuando un grupo de nobles toledanos conversaban preocupados buscando alguna solución a la situación que se había generado en Castilla, tras la llegada al trono del Rey Carlos I. Era el año del Señor de 1520.

Los caballeros no estaban de acuerdo con el reparto de poder que dejaba a los nobles castellanos fuera del protagonismo y lejos de los espacios donde se debían tomar las decisiones importantes del reino. Se hablaba de una sublevación, de hacer frente al poder del rey, y, para ello, la nobleza toledana estaba preparada.
Los hombres abandonaron el claustro catedralicio y se dirigieron a la plaza del Ayuntamiento, donde siguieron dando vueltas a sus preocupaciones. Tenían gentes y armas pero les faltaban los cañones con los que hacer frente a la poderosa artilleria de Carlos I.

Ya desesperaban, cuando uno de ellos tuvo una idea.

 

 

¡ Si queréis hacer frente al rey….seguidme, dijo!

Y el grupo, intrigado, se fue tras él, hasta que llegaron a la plaza de San Lucas. Allí, el que había tomado la iniciativa, dijo mirando a la torre de la iglesia:
– la causa es justa y Cristo nos ayudará. Descolguemos una campana; de ella saldrán los cañones que necesitamos. –

 

 

Con el consentimiento de todos, los criados que habían sido llamados, llevaron cuerdas, poleas y ganchos para ejecutar la orden de sus señores. La rebelión cobraba fuerza y tras la campana de San Lucas, los comuneros se fueron a descargar otra a la torre de Santo Tomé.
Al ser bajada de la torre, cayó sobre una casa frontera y quedó incrustada en el suelo, hasta que pudo ser rescatada. Desde entonces, la calle pasó a llamarse de la Campana🔔 y así sigue llamándose hoy.

 

 

 

Ambas campanas fueron fundidas y se convirtieron en poderosos cañones que se enfrentaron a las tropas imperiales, pero nada pudo impedir la revuelta comunera que fue duramente sofocada por las huestes fieles al rey.
Sus líderes Padilla, Bravo y Maldonado fueron ajusticiados en Villlar en un terrible abril de 1521.
Los cañones de los sublevados pasaron a formar parte de la artillería de Carlos I, y en las torres donde fueron descendidas las campanas que los dieron forma, no se repusieron, quedando un hueco como testimonio de aquel ejemplo de tesón e hidalguía que nunca pasó de ser un sueño irrealizable.