13.- Cultura Musulmana en la Edad Media.

 

¡Buenas noches!

Hoy, última sección de #MochueloCósmico y espero que os parezca interesante y que aprendáis un poco. En Astronomía en la Historia daremos un repaso a la Cultura Musulmana en la Edad Media. Después, en Astronomía Hoy en Día os recordaré el evento astronómico más importante de este verano: El eclipse lunar más largo del siglo XXI.

 

 

LA ASTRONOMÍA DE LA CULTURA MUSULMANA EN LA EDAD MEDIA

 

Con la caída del Imperio Romano comienza la Edad Media, en la que diferentes pueblos van a ser nuevos protagonistas y tomar el relevo del transcurrir de la historia.

Las aportaciones más sustanciales a la ciencia, y en particular a la astronomía, van a estar relacionadas con la cultura musulmana, que empieza a desarrollarse en el siglo VII, para cobrar trascendencia en el IX, y cuya influencia se extenderá hasta el siglo XV.

La expansión islámica por el sur de Europa, Asia Central y el norte de África contribuyó a aculturar a los pueblos que habitaban estas regiones y que se habían sumido en la oscuridad de los conocimientos por el desmoronamiento de su sociedad.

 

 

Debemos entender por ciencia árabe la desarrollada en esa lengua, ya corresponda a pueblos árabes, turcos, persas, etc. La lengua árabe envolvía y asimilaba la investigación científica de la franja mediterránea. El progreso de su ciencia fue posible por la adquisición de los conocimientos originados en los territorios conquistados por el islam, principalmente la herencia grecolatina del Imperio bizantino, el saber científico persa y la astronomía hindú.

Los árabes comenzaron traduciendo a su lengua los conocimientos astronómicos hindúes, principalmente las obras de Brahmagupta (598-668), matemático y astrónomo. El califa abasida Al-Mansur (712-775), que fundó Bagdad, encargó la traducción al árabe del Brahmasphutasiddhanta. En este libro se explican los métodos matemáticos que permitían a los hindúes calcular la evolución de las posiciones de los objetos celestes en el tiempo, así como la aparición de los eclipses solares y lunares.

 

 

Posteriormente, descubrieron los tratados astronómicos griegos de los que se sirvieron para ir profundizando en sus conocimientos. Precisamente, la traducción al árabe de la obra cumbre de Ptolomeo (ver secciones anteriores) se realizó entre los años 826 y 827, fue patrocinada por el califa Al-Ma’mun (786-833) y se le dio por título Al-Majisti (El más grande), de donde derivó su nombre definitivo. Fue el afamado traductor Gerardo de Cremona (1114-1187) quien, en 1175, realizó la traducción al latín y lo denominó Almagesto, que es el nombre por el que hoy conocemos dicho tratado.

En época de Al-Ma’mun se realizaron las traducciones de la mayoría de los textos científicos occidentales, lo que permitió el desarrollo de la investigación científica en el mundo islámico. El mayor centro cultural de Bagdad, la denominada “Casa de la Sabiduría”, canalizaba todas estas actividades, pues integraba a su vez un centro de traducciones, una biblioteca y una academia de investigación.

El texto árabe Tratado del año solar, que se escribió en una fecha no conocida entre el 830 y el 850, parte de la concepción geocentrista tolemaica para intentar calcular la duración del año solar, pues los astrónomos árabes de los observatorios de Bagdad y Damasco, los primeros en construirse en el mundo (entre el 822 y el 829), encontraron grandes desfases en las posiciones solares advertidas al realizar los cálculos a partir de los esquemas propuestos por Ptolomeo. Por ello, llevaron a cabo sus propios cálculos, que escribieron en las tablas contenidas en este tratado. Fue la primera crítica de la que se tiene constancia al sistema planetario descrito en su obra.

 

 

El desarrollo de las matemáticas ayudó a avanzar a la astronomía y permitió aplicarla en cuestiones sociales prácticas importantes, como el cálculo de la latitud y la longitud de los lugares, la orientación terrestre y marítima, los horarios y, especialmente, el calendario.

El calendario oficial del mundo árabe es lunar, con doce meses, algunos de 29 y otros de 30 días. El ciclo de 30 años en el que se añadía un día más a 11 de ellos permitía construir un apropiado calendario oficial. El mayor problema que presentaba era el del cambio de día y de mes, pues la ley religiosa indica que el primero sucede a la puesta de sol, mientras que el segundo se producía con la visión de la primera franja de luna creciente en el horizonte justo antes de la puesta de Sol.

Como es fácil de imaginar, la posición en la superficie terrestre hace que estos eventos sucedan en tiempos diferentes, y por tanto, su previsión mediante cálculos matemáticos era muy complicada. Aun así, la determinación por lograrla contribuyó enormemente a desarrollar las técnicas matemáticas y de observación celestes.

Uno de los primeros astrónomos árabes de los que se tiene referencia fue Al-Farghani (805-880), nacido en territorio persa, que midió el diámetro terrestre y escribió en el año 833, la obra Compendio de astronomía, también conocido como Jawami, en la que describía el movimiento de los objetos celestes mejorando las tablas tolemaicas. Traducida al latín por Juan de Sevilla y posteriormente en otra edición por Juan de Cremona, algunos la consideran como la inspiración para el mundo dantesco de la Divina comedia. Este sabio fue autor de otras obras sobre relojes solares y astrolabios.

 

 

Uno de los más importantes científicos de la época fue Thabit ibn Qurrá (836-901), que destacó por sus aportaciones en matemáticas y astronomía e incluso como traductor de obras griegas. Estableció la duración del año sidéreo en 365 días, seis horas, nueve minutos y doce segundos ( lo que suponía sólo dos segundos de error con el valor real), con lo que pudo calcular la precesión de los equinoccios, pero al no atreverse a dar un valor constante a este evento, pues sus datos estaban en contradicción con los del maestro Ptolomeo, propuso lo que denominó teoría de la Trepidación, en la que sugería valores diferentes para dicha precisión, lo cual como sabemos desde el Renacimiento, no es cierto.

Un importante catálogo de estrellas, 489 de ellas, creado a través de la utilización de métodos trigonométricos, se debe al matemático y astrónomo Al-Battani, también conocido como Albategnius (858-929), nacido en la región mesopotámica, que también calculó con gran precisión el año solar, la inclinación de la eclíptica y la existencia de eclipses solares anulares.

Quizá el mayor astrónomo musulmán en aquellos tiempos fue el persa Abd Al-Rahman Al Sufi (903-986), conocido en Occidente como Azophi. Su obra más importante data del año 964 y se titula “El libro de las estrellas fijas”, en la que catalogó 1048 de ellas, identificó sus posiciones, magnitud aparente, brillo y color, y las asoció a sus correspondientes constelaciones. Asimismo, describió con detalle las 48 constelaciones tolemaicas, les dio nombre árabe e incluso incorporó algunos grupos estelares sólo visibles desde países incorporados al islam. También observó que el plano de la eclíptica está inclinado respecto al ecuador celeste.

Omar Jayam (1040-1131) fue un eminente matemático que utilizó sus descubrimientos en este campo para desarrollar los cálculos de los movimientos de los objetos celestes. Es responsable de la primera observación sistemática que se realizaba en un observatorio. Este fue construido hacia el 1074 en la región de Isfahan, al sur de la actual Teherán, durante el reinado de Malik (1072-1092), y su programa se preparó para durar 30 años (tiempo que coincide con el período de revolución del planeta Saturno) aunque fue cancelado a los 18 años, a la muerte de su benefactor. Allí se tiene constancia por primera vez de la utilización de los denominados tubos de observación, que, tal y como comenta Al Battani, estaban provistos de lentes y permitían focalizar la visión sobre un lugar determinado del firmamento: se trataba de primitivos telescopios.

Como resultado de sus observaciones, preparó la compilación conocida como Tablas astronómicas para Malik Shah, de la cual sólo se conserva un catálogo de las cien estrellas más brillantes del firmamento y, en la actualidad, se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional de París. También es importante su obra El Libro del año nuevo (Nawruz-nama), escrita en persa, donde recopiló todas sus teorías acerca del calendario solar persa, y que empleó para preparar un nuevo calendario que se llamó Yalalí (inaugurado en 1079 y utilizado hoy todavía) cuyo cálculo de la duración del año era realmente espectacular, ya que su error era menor que el calendario gregoriano establecido cinco siglos después.

 

 

Otro de los sabios importantes de la época fue Nasir al-Din al-Tusi (1201-1274), nacido en Tus, antigua Persia, que destacó como matemático, astrónomo, médico, teólogo y filósofo. Elaboró tablas muy precisas sobre los movimientos planetarios y jugó un papel clave en la fundación del Observatorio de Maragheh, en la actual Azerbaiyán. Este observatorio, financiado por Hulagu Khan (1217-1265), gobernador mongol del Ilkanato persa y nieto de Gengis Khan, fue construido entre 1259 y 1263, constituyó uno de los centros clave de vigilancia celeste y marcó un punto de inflexión en los conocimientos astronómicos de la cultura árabe. También se emplearon aquí tubos de observación mejorados.

Los científicos de la estación diseñaron, asimismo, un círculo azimutal provisto de dos cuadrantes, que permitía tomar simultáneamente la altura de dos astros sobre el horizonte. En este observatorio se perfeccionaron los cálculos de movimientos de Ptolomeo que se ajustaban mejor a las observaciones y se plasmaron en las denominadas tablas iljanianas, que aunque mantenían la teoría geocéntrica parece ser que permitieron a Copérnico emplearlos para, cambiando la posición del centro del movimiento, crear la representación heliocentrista. Todas sus conclusiones se recogen en su libro Memoria de astronomía.

El relevo de este observatorio lo tomó el muy famoso de Samarkanda, que recibe el nombre de la persona que lo mandó construir en 1429, Ulugh Beg (1393-1449). Este astrónomo y matemático, nieto del famoso conquistador mongol Tamerlán, fue regente de esa ciudad hasta que murió asesinado. En el observatorio instaló sextantes de gran tamaño que permitieron medir la posición de hasta 1018 estrellas con gran precisión, que incluyó en un catálogo que superó las observaciones incluidas en el Almagesto, y que publicó en 1437 con el nombre de Zij-i Djadid Sultani.

En realidad, los árabes, con sus estudios y observaciones, preparan la revolución astronómica renacentista, pues son conscientes de que los errores que contienen las tablas tolemaicas que intentaban mediante modelos incorrectos acoplar la naturaleza a su teoría deben subsanarse. Introducen mejoras en el campo de la observación celeste y así consiguen tablas que explican mejor el movimiento de los astros, pero de validez limitada, pues debían recalcularse aproximadamente cada 40 años, ya que su modelo era inconsistente con los movimientos reales de los cuerpos celestes. Esa situación contraria a la lógica fue la que poco a poco fue empujando el modelo geocentrista al abismo del olvido para dejar paso a un nuevo modelo inmutable, previsible con el paso del tiempo y que se acoplaba a las leyes naturales.

 

 

ECLIPSE LUNAR

 

Bueno, como este verano no os voy a meter la chapa con los acontecimientos astronómicos, para despedirme os recordaré que el próximo 27 de julio tendrá lugar el eclipse lunar más largo del siglo XXI, cuando la sombra de la Tierra cubrirá completamente el satélite durante 1 hora y 43 minutos.

Además de ser eclipsada, la Luna también se volverá roja al reflejar los rayos del sol, creando una vista realmente espectacular (de verdad, no os lo perdáis).

 

 

En el último siglo, solo 4 eclipses lunares duraron 100 o más minutos: 01/06/2011, 16/07/2000, 01/07/1982 y en julio de 1935. Desafortunadamente, no todos podrán presenciar el fenómeno, y los que tuvieron menos suerte son los residentes de Norteamérica y Sudamérica. El eclipse será más visible en África, Medio Oriente, India, Australia y algunas zonas de Europa.

 

 

Pero, ¿cómo ocurren estos eclipses? Un eclipse lunar total se produce cuando la Luna pasa a través de la sombra de la Tierra, conocida como la umbra. Esto ocurre cuando el Sol, la Tierra y la Luna están alineados. Es como un eclipse solar total, pero esta vez es nuestro planeta el que eclipsa al Sol, y ya que la Tierra es mucho más grande que la Luna esta queda envuelta en su sombra.

 

 

Durante un eclipse lunar total, la Luna no solo se oscurece. En realidad se vuelve roja por la luz solar refractada de la superficie de la Tierra. Es similar a cuando aparecen amaneceres y atardeceres rojos en nuestro cielo.

Este eclipse lunar en particular es especialmente largo porque la Luna pasará a través del centro de la umbra, lo que significa que estará en la sombra durante un período de tiempo más largo. Cuando la Luna pasa solo por el lado de la umbra, el eclipse es más corto. Además, este 27 de julio la Tierra estará en su punto más alejado del Sol, conocido como su apogeo, lo que significa que arroja una sombra más grande. Y en la misma fecha, la Luna estará en su punto más distante en su órbita mensual alrededor de la Tierra, conocida como apogeo lunar. La combinación de estos raros eventos espaciales nos permitirá observar este inusual fenómeno.

 

 

 

 

Bueno, pues espero que estas 12 secciones os hayan parecido amenas e interesantes, yo lo he disfrutado muchísimo.

Puede que en septiembre retome la sección y os vuelva a hablar de cosas astronómicas 😌

Espero que paséis un buen verano y que os vaya todo muy bien. Un placer por mi parte el haber hecho esta sección y muchas gracias por todo.